Posted in:
By Marcelo Pasetti 0 comentarios

Recuperando un reportaje a la genial María Elena Walsh




El domingo 15 de mayo de 2005 se publicó en el diario La Capital de Mar del Plata un reportaje que tuve la oportunidad de realizarle semanas antes a la genial María Elena Walsh. Costó conseguir esa entrevista, pero se había convertido en casi una obsesión. Sus canciones me acompañaron durante toda mi infancia y admito que siempre me pareció un personaje de dimensiones gigantescas.
Hace algunas horas, leí varios homenajes a María Elena Walsh y recordé aquel reportaje. A un año de su fallecimiento, aquí se publica prácticamente la totalidad de aquel artículo



Mar del Plata y su infancia



Escritora, compositora, cantante, intelectual... Es una tarea titánica definir con una sola actividad la trayectoria de María Elena Walsh. Un tanto alejada de los medios, la mujer que en 1985 fue nombrada Ciudadana Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires y, en 1990, Doctor Honoris Causa de la Universidad Nacional de Córdoba y Personalidad Ilustre de la Provincia de Buenos Aires, aceptó mantener una entrevista telefónica con LA CAPITAL, oportunidad en la que no dudó en afirmar que la Argentina está en decadencia, aunque aclaró que no hablaba del gobierno. “Estoy hablando de nosotros como sociedad. Una parte trabaja, se esfuerza mucho y la otra, terrible, ajena a todo valor moral y educacional”, sentenció.
Luego, en otro tramo de la charla, se refirió a la miseria y la pobreza en el mundo. “Hay un invento, porque es un invento de los mismos estados, que es la miseria y que luego de inventarla no la pueden solucionar”, refirió
Célebre por su literatura infantil, María Elena Walsh creó personajes conmovedores, como Manuelita la Tortuga, al tiempo que sus temas fueron musicalizados por personalidades como Mercedes Sosa y Joan Manuel Serrat y trascendieron las fronteras argentinas. Sus letras son cantadas por miles de niños argentinos, generación tras generación.

–¿Hace mucho que no viene a Mar del Plata?
–Estuve hace unos meses, en marzo. No hago playa, pero me gusta la ciudad, el clima, y si puedo, prefiero disfrutar de una pileta. De chica iba. Fui varios meses. Eran largos veraneos. Viajábamos en el tren con esos camarotes que eran un lujo maravilloso.
–¿Cómo fue su infancia en Ramos Mejía?
–Debo decirle que fue buena, con mucha familia, con una casa grande, con juegos, con lecturas. No me puedo quejar. –Una casa donde no faltaban los libros...
–No, claro. Leía todo lo que tenía cerca o que me acercaba mi padre. Las revistas infantiles, todas, y después los cuentos, las novelas de Dickens, de Julio Verne... Todo.
–A los 15 años le editaron su primer poema. Debe haber sido algo maravilloso...
–Fue muy emocionante. Muy, muy emocionante. Era muy difícil publicar en aquella época. Había mucha gente que opinaba, que elogiaba o criticaba, de modo que era un hecho muy importante.
–La Feria del Libro volvió a ser un éxito de público. ¿Cómo se explica este fenómeno cuando se habla de que cada vez se lee menos?
–A mí hace varios años que no me gusta más la Feria, porque los autores, por distintas razones, vamos siendo dejados de lado. Los autores existimos muy poco ahí. Yo no me quejo por falta de público porque he tenido muchísimo; no les pude firmar los libros a todos. Pero no hay un contacto ni entre los escritores ni con el público ni puede haberlo porque todo está muy mecanizado. Es un lugar de paseo y un lugar de comercio. Antes era lo mismo, pero con características distintas.
–Ya en 1964 usted señalaba textualmente que “una de las actuales nodrizas del niño es la televisión” y que de ella “absorbe las más precarias formas de versificación, música y atropello de la sintaxis”. No cambió nada parece.
–No. Empeoró bastante, porque en esa época por lo menos no era soez. Había muy buenos conductores, había teleteatros hechos por actores de escuela, que hablaban muy bien, y había cierto respeto por el idioma todavía, y por el chico y por el ser humano. Y ya era penosa aquella televisión.
–La maestra del jardín de infantes también tenía un rol interesante.
–El jardín de infantes es muy importante. Cuando se habla de educación no se le da mucho valor, pero creo que
es importantísimo el jardín.
–¿Ve televisión?
–Ahora veo poca. Hago mucho zapping. Veo los noticieros, a veces el español o el francés, pero no gran cosa.
–Se viene hablando mucho sobre la falta del hábito de lectura. Están quienes trazan un panorama muy negativo y quienes creen que no es tan grave. ¿Cuál es su posición al respecto?
–Está bien que se hable de esto. Es muy difícil tener una educación sin haber leído libros que no sean específicamente los didácticos, pero tampoco se puede obligar a leer. Que se hable, sí, que exista como tema y que los chicos y grandes no se asusten de los libros me parece algo muy importante.
–¿Usa internet?
–Tengo pero no lo uso. He hecho algunas cosas, he buscado algunas cosas y no me gustan sus respuestas. Mis inquietudes, mis preguntas las sigo buscando en los libros, en las enciclopedias. Lo hago mucho más rápido

“El mundo está muy revuelto"

–Me gustaría saber qué diferencias encuentra entre los chicos de hoy y los de hace algunas décadas, aquellos que cantaban sus canciones en el jardín o en la escuela.
–No se puede comparar, no lo puedo saber. Depende de la clase y sobre todo de la familia. Hay chicos que están en la
miseria más absoluta, no sólo por falta de comida sino también por falta de estímulos espirituales. Y están los de clase media terriblemente malcriados y cargados de ocupaciones, de deportes, de vida social. Creo que hay un intermedio, que son chicos que llevan una vida normal, con familia más o menos constituída.. No hablo de una familia tipo ni perfecta, pero en fin, más o menos con un refugio familiar. Hay un poco de todo. No obstante, el mundo está muy revuelto, no es sólo nuestro país. Y los chicos expresan también esa especie de revolución medio siniestra.
-Por momentos los chicos parecen demasiado grandes, como decía usted, cargados de obligaciones, de tareas, ovidándose de jugar...
-Juegan con armas. A veces les exigimos a ellos lo que nosotros no pudimos realizar. Eso sucede mucho. Queremos que ellos sean los doctores, o las personas que nosotros no pudimos ser, y eso es bastante siniestro porque los chicos tienen que exigir su propio camino. Hay que estimularlos para todo, pero dejarlos que sigan su camino.
-¿Qué piensa cuando pasa frente a una escuela y están los chicos con sus celulares, comunicándose con mensajes de
texto en una nueva forma de relacionarse?
-Lo que deseo es una cosa, y lo que veo es otra cosa. Porque no entiendo mucho el mundo en el que vivo. Desdeo que todos esos modos de comunicación les sirvan y que aprendar a usarlos.
-¿Cómo es un día suyo?
-Lo más tranquilo posible. Son días muy tranquilos, con paseos breves, con lo que el físico me permite hacer. Trabajar y leer. Y obviamente, tener algo de vida social, con amigos y todo eso.
-¿Lee mucho?
-Leo cuando tengo ganas. Pero tengo ganas casi todos los días...
-¿Cómo encuentra la Argentina?
-En decadencia. Pero ojo, no estoy hablando del gobierno ni de este gobierno. Estoy hablando de nosotros como sociedad. Una parte trabaja, se esfuerza mucho y la otra, terrible, ajena a todo valor moral y educacional. Entonces el resto de la gente que hace las cosas bien se tiene que esforzar tres veces más.
-¿Por qué no arrancamos?
-No sé, no tengo respuestas. O tengo muchas, las que da todo el mundo. Todo el mundo explica, se publican muchos libros sobre nuestra situación, pero yo no tengo respuestas. Y además tampoco estoy hablando desde una isla en el Pacífico. El mundo está más o menos, está muy loco todo.
-En su libro "Las páginas de mi abuela", usted cuenta que ya en 1880 había corridas bancarias en la Argentina...
-Es que por eso publiqué esas cartas. Sí, por supuesto que había corridas bancarias. Me estafó el Banco de Londres las pocas libras que había ahorrado, decía mi bisabuela. Ese siglo también tenía esas cosas. Es decir, tenemos el vicio. Las cosas malas se repiten.
-Para culminar, una reflexión sobre lo mejor y lo peor de estos tiempos.
-Lo mejor son los progresos científicos, técnicos y la rapidez en las telecomunicaciones. Todo lo que es técnico es maravilloso. Y lo peor es que hay un invento, porque es un invento de los mismos estados, que es la miseria y que luego de inventarla no la pueden solucionar.