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By Marcelo Pasetti 1 comentarios

Rodolfo Palacios y su nuevo libro "Pasiones que matan"




El periodista y escritor marplatense Rodolfo Palacios acaba de editar un nuevo libro: "Pasiones que matan. Trece crímenes argentinos". "La mayoría de los asesinatos se pudo haber evitado de existir una Policía preparada y una Justicia ágil y efectiva para resolver el tema de la violencia familiar", expresó
"Los llamados crímenes pasionales sólo tienen interés mediático para la televisión cuando hay una seguidilla de hechos o cuando la historia tiene como condimentos la pasión, el dinero, el sexo y la traición. Como ejemplo se me ocurre el caso Nora Dalmasso", señala el periodista y escritor marplatense Rodolfo Palacios, durante una extensa charla , a poco de haberse editado su nuevo libro "Pasiones que matan. Trece crímenes argentinos".
Se trata de otro excelente trabajo de Palacios -quien sorprendió con "El Angel Negro, vida de Carlos Robledo Puch"- con hechos policiales en los cuales lo horroroso se vuelve cotidiano y el odio estalla fuera de todo lo imaginable .
"En el libro, desfilan parricidas, caníbales, uxoricidas, filicidas y seres perturbados que encontraron su expiación, o todo lo contrario, el infierno, a través del crimen", detalla, para remarcar que la mayoría de los asesinatos "se pudo haber evitado de existir una Policía preparada y una Justicia ágil y efectiva para resolver el tema de la violencia familiar"
Palacios, nacido en 1977 en Mar del Plata, observa que en la mayoría de los crímenes "hay un nexo entre el asesino y la víctima, sean familiares, amigos, conocidos, pareja o vecinos".
Como periodista especializado en hechos policiales,
dice que "es una falta de respeto a los familiares de víctimas del delito decir que no hay inseguridad", para referirse a la socialización de quienes delinquen. "De
as cárceles: muchos delincuentes salen peor que cuando entraron. Porque las cárceles no resocializan. Vuelven más violento y resentido al delincuente. Muchos golpes se planifican desde las cárceles", aclara.
Uno de los capítulos del libro, "Imprentero cruel", está dedicado a un caso registrado en Mar del Plata. El principal imputado se suicidó días atrás. "Elegí el caso porque me causó conmoción. Claramente, esa muerte se pudo haber evitado con una Policía y una Justicia eficaces. La madre de la chica y su abuela habían denunciado al imprentero por violencia. Violó la restricción de hogar cuando quiso y mató a su hija mientras un policía dudaba en la puerta si entraba o esperaba la orden judicial".



-¿Cómo nació "Pasiones que matan. Trece crímenes argentinos?
-Fue una propuesta del escritor y periodista Daniel Guebel en conjunto con editorial Aguilar.

-¿Por qué elegiste este tema y concretamente cómo
seleccionaste los casos? ¿Tuviste que dejar muchos de lado? ¿Qué criterios se impusieron a la hora de decir este caso me interesa?
-Dejé muchos casos de lado por varios motivos. En algunos casos, los familiares pidieron no aparecer en el libro. En otros, no conseguí los testimonios o simplemente no eran lo suficientemente interesantes desde el punto de vista narrativo. El criterio fue que tuviera pasión, amor (o desamor), locura y muerte. Y que haya acciones, diálogos, escenas, aromas y una historia cuyo desenlace iba a ser el crimen.

"En todos los casos está la pasión"

-Los casos, en algún punto, como bien lo decís en el prólogo, están relacionados. La pasión es el hilo conductor que une a cada una de estas historias...
-En todos los casos, como en la tragedia griega, está la pasión. En el fondo, son asesinos cobardes que en lugar de resolver sus conflictos a través del diálogo lo hicieron a puñaladas, tiros, golpes o estrangulamientos. Los que no estaban locos eran psicópatas que gozaron con el crimen que acaban de cometer. En el libro, desfilan parricidas, caníbales, uxoricidas, filicidas y seres perturbados que encontraron su expiación (o todo lo contrario: el infierno) a través del crimen.
-También das a conocer un dato que sorprende: en la Argentina, en el 64% de los hechos criminales, el asesino y la víctima se conocían. Esas cifras son más que elocuentes...
-Sin duda. Históricamente fue así. En la mayoría de los crímenes hay un nexo entre el asesino y la víctima, sean familiares, amigos, conocidos, pareja o vecinos. Siempre da la sensación de que la mayoría de los homicidios son ocasionados por la inseguridad, pero quizá en eso influye en que esos casos son repetidos una y otra vez por los canales de noticias. Los llamados crímenes pasionales sólo tienen interés mediático para la televisión cuando hay una seguidilla de hechos o cuando la historia tiene como condimentos la pasión, el dinero, el sexo y la traición. Como ejemplo se me ocurre el caso Nora Dalmasso.
-¿Percibís un incremento de hechos de violencia graves en la Argentina?
-Sí. Aunque haya una leve disminución de los delitos, los casos tienen mayor violencia. Aunque no hay secuestros extorsivos como en 2002 o 2003, ocurren otros delitos que pueden terminar en un crimen, como puede ser el robo de autos. Lo peor es la violencia de los delincuentes. No conformes con robar, golpean y hasta disparan a las víctimas aunque no se resistan. Me llama la atención la cantidad de casos de inseguridad que ocurren en Mar del Plata. Es subirse a un taxi y escuchar el relato de un hombre que vive atemorizado y cree que va a ser asaltado en cualquier esquina.
--"Hoy los golpes tienden a darlos los policías", aseguró el ministro de la Corte, Eugenio Zaffaroni. ¿Coincidís?
-En parte, sí. La corrupción policial es histórica. En la década del ’30, el por entonces gobernador conservador Manuel Fresco decía que había que combatir los arreglos espurios de la Policía con el juego clandestino y la prostitución. Me tocó participar en dos investigaciones que dejaron al descubierto cómo la Bonaerense y la Federal recaudan para la caja negra a través del pedido de coimas, la liberación de zonas y del robo de autos. Hasta la ministra de Seguridad Nilda Garré admitió que la fuerza que dirige es corrupta. Y muchos delitos son organizados o cometidos por policías en actividad o retirados.

"Se perdieron los códigos"

-¿Cuantos de los hechos a los que vos haces referencia en el libro, con violencia previa, se podrían haber evitado con una policía preparada o apta para la prevención?
-No me quiero arriesgar a decir todos, pero la mayoría de los asesinatos se pudo haber evitado de existir una Policía preparada y una Justicia ágil y efectiva para resolver el tema de la violencia familiar. En muchos de los casos, las mujeres habían hecho la denuncia. A veces fueron desoídas o simplemente la Justicia ordenó una restricción de hogar para mentener alejado al agresor. Me pregunto: ¿quién controla que esa prohibición se cumpla? Nadie. También es importante que haya contención psicológica. En 2010, hubo 260 femicidios en la Argentina. La cifra es altísima. En España, donde hubo una campaña importantísima contra la violencia de género, lograron bajar los casos a 70 por año.
--Muchos aseguran que la irrupción del paco y las drogas han generado una mayor violencia, incrementándose así la gravedad de los hechos policiales. ¿Cuál es tu visión?
-Coincido con eso. Hasta los viejos delincuentes, como el caso del Gordo Luis Valor, ex líder de la superbanda que robaba camiones blindados en la década del ’90, dice que los códigos se perdieron. Que hoy los jóvenes buscan plata manchada con sangre. Que fuman paco y son capaces de robarle la olla a la madre. Terminan aniquilando y aniquilándose. La solución es compleja. Creo que tiene que ver con lo social. Salieron del sistema y están en los márgenes. En estos casos, un revólver los hace volver al sistema, pero de la peor manera. Está demostrado que no se soluciona con más policías en la calle. Ese sólo es un paso para combatir el delito, pero el tema es mucho más complejo. Ocurre lo mismo con las cárceles: muchos delincuentes salen peor que cuando entraron. Porque las cárceles no resocializan. Vuelven más violento y resentido al delincuente. Muchos golpes se planifican desde las cárceles.
-Desde el poder político se cae en la tentación de minimizar las estadísticas y responsabilizar a los medios masivos de "crear climas" que no se condicen con la realidad. ¿Como peridoista, cual es tu reflexión?
-Siempre, desde el poder político de turno, se minimizaron los estadísticas. Aníbal Fernández siempre habla de sensación de inseguridad y siempre se negó a dar estadísticas. Es importante que todos conozcamos las estadísticas y que se planifiquen políticas de seguridad en torno a un mapa del delito. Por un lado, es una falta de respeto a los familiares de víctimas del delito decir que no hay inseguridad. Por el otro, es cierto que hay robos cotidianos que son reiterados varias veces por los noticieros. Y eso lleva a pensar a mucha gente en que no se puede ni salir a la calle. Ambos extremos son malos. Hay inseguridad, eso está claro. Pero vivimos más tranquilos que en Medellín o en Ciudad Juárez, por dar dos ejemplos donde los decapitamientos o los crímenes llenan las páginas de los diarios al punto de informarlos como si fueran simples hechos.
--Uno de los cuentos, "Imprentero cruel", tiene como escenario a Mar del Plata. Es un caso realmente espeluznante. (pocas horas antes de realizarse la entrevista se estableció que el acusado de ese homicidio se había suicidado en un neuropsiquiátrico de Mar del Plata) ¿Por qué lo elegiste?
-Elegí el caso porque me causó conmoción. Claramente, esa muerte se pudo haber evitado con una Policía y una Justicia eficaces. La madre de la chica y su abuela habían denunciado al imprentero por violencia. Violó la restricción de hogar cuando quiso y mató a su hija mientras un policía dudaba en la puerta si entraba o esperaba la orden judicial. Me enteré que este hombre se suicidó hace pocos días. No pudo soportar la tragedia que él mismo desencadenó. Era un hombre oscuro, que no dejaba vivir a su esposa y su hija. Y que no había podido soportar la muerte de su hija mayor. En fin, era otro hombre violento entre un universo de miles. Cobardes que se envalentonan cuando su mujer se muestra débil o desprotegida.



De Robledo Puch al asalto al Banco

-Cuando aun no se habían acallado los ecos de tu libro anterior sobre Robledo Puch, aparece "Pasiones que matan". Realmente, "El angel negro" tuvo una excelente acogida...
-Lo que pasó con el libro de Robledo aún me sorprende. Tuvo mucha repercusión mediática. Pensar que estuve a punto de imprimirlo en una imprenta de un vecino de San Telmo porque las editoriales no mostraban interés. Por suerte el empuje de Daniel Guebel y la propuesta de Aguilar cumplieron mi sueño. Lo que más me gratifica es que se me acerca muchas personas que leyeron el libro, desde maestras de secundaria que se lo han dado a leer a sus alumnos hasta jubilados que hace 38 años sintieron escalofríos con los crímenes de Robledo.
-¿Volviste a hablar o ver a Robledo Puch?
-No. Antes de que firmara contrato con la editorial Aguilar me había dejado de recibir. Le mandé el libro pero no lo recibió. Nunca le gustó leer sobre lo que escribieron de él. No leyó el magistral relato que Osvaldo Soriano publicó en marzo de 1972 en el diario la Opinión. Y cuando yo lo entrevisté para "Crítica" de la Argentina me criticó porque lo hice quedar como un tipo torpe y apegado a su gata.
-¿Ya tenés definido tu próximo libro?
-Estoy trabajando en un proyecto pero no firmé contrato. Se trata del increíble robo al Banco Río de Acassuso, ocurrido el 13 de enero de 2006. La idea no es contar el robo en sí, que ya fue contado muchas veces, sino revelar detalles desconocidos: las relaciones humanas entre los delincuentes, la planificación del golpe y qué pasó después de la detención. Y la pregunta del millón: ¿dónde está el botín?

One Response so far.

  1. maroca says:

    me encanto el libro, es verdad q a veces los sentimientos nos llevan a tomar caminos a veces desesperados y nos conducen a salidas q hacen q nos hundamos en la desgracia, en la desgracia, en el desamor, en la soledad, en fin en situaciones bastante complicadas pero q todos las afrontamos de diferentes maneras y eso hace q el ser humano se tan cambiante , tan inteligente y estupido a la vez,,,,realmente me impacto el libro, muy bueno