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By Marcelo Pasetti 2 comentarios

Inés Estévez: "En la literatura todo es sorpresivo e imprevisible"



Siendo una de las más grandes actríces de la escena nacional, un día dijo basta. Se dedicó a su pasión, la literatura, y este año se animó a publicar su primera novela, "La Gracia", que sorprende. Inés Estévez, de ella se trata, se refiere a su nueva experiencia



El lector de "La Gracia" se sorprende por la calidez de los textos, lo atractivo de la historia, y la riqueza descriptiva de las más variadas situaciones protagonizadas por Eugenia Sosto, un personaje "muy urbano, neurótico, dependiente de la informática, automedicado, fumador y solitario".
Es su primera novela y atrapa al lector. Inés Estévez, su autora, sonríe tímidamente y acepta hablar de este trabajo. "Me he preparado toda la vida para dar este paso, que no está relacionado con una inquietud pasajera, sino con mi primera vocación. Mas allá de los resultados, el solo hecho de estar transitándola por fin, me despoja de deudas existenciales", señala quien fue una excelente actríz hasta que decidió cambiar radicalmente de actividad.
Nacida en Dolores, Estévez se entusiasma al hablar
al indicar que "si bien es ficción y nada se corresponde con la realidad vivida, esta primer experiencia literaria está basada en lo que quedó impreso en mi memoria infantil en cuanto a la atmósfera y los climas de una vida pueblerina".
De su ciudad natal, de su paso por la televisión, las influencias a la hora de escribir, y las lecturas infantiles que le dejaron una marca,


-Más allá de lo duro que resulta el mercado editorial, "La Gracia" además, debe vencer el prejuicio de haber sido escrito por alguien que, en el imaginario colectivo, está más relacionado con el espectáculo que con la literatura...
- Si, claro. Es inevitable la duda en el inconsciente del lector. Se supone que cuando alguien descolla en una disciplina artística, es improbable que sea igual de eficaz en otra. Solo puedo esperar que trasciendan esa idea y me permitan hacer un camino. Y desear que no se me mida en función de la última performance actoral, sino de una primera aproximación literaria. Por otra parte, soy una mujer de 46 años, a estas alturas evito improvisar. Me he preparado toda la vida para dar este paso, que no está relacionado con una inquietud pasajera, sino con mi primera vocación. Mas allá de los resultados, el solo hecho de estar transitándola por fin, me despoja de deudas existenciales.


Aquella casa sin televisor

-¿Cómo nació La Gracia? ¿Cómo se fue elaborando?
- Como lectora siempre me incliné más hacia los relatos y cuentos, que hacia la novela. Cuando Sudamericana me convoca y comenzamos a charlar acerca de la posibilidad de publicar, me preguntan qué ideas tengo. Hacía muchísimos años que a partir de la experiencia de haber crecido en una ciudad pequeña, me rondaba la idea de escribir anécdotas sobre los entrañables personajes de un pueblo. La atmósfera cerrada de un lugar perdido en medio del campo, las intensidades de los misterios, los secretos, la solidaridad conmovedora versus la hipocresía social, ese ámbito familiar que puede resultar tan contenedor como sofocante, son ingredientes irresistibles e ilimitados. Como me sugerían el formato de novela, se me ocurrió construir una novela compuesta de cuentos en base a esa idea.
-Naciste en Dolores, donde pasaste tu adolescencia. Es evidente que, como dice Gieco, "todo está guardado en la memoria"...
- Por supuesto, y como toda primera obra tiene mucho de auto referencial. Si bien es ficción y nada se corresponde con la realidad vivida, esta primer experiencia literaria está basada en lo que quedó impreso en mi memoria infantil en cuanto a la atmósfera y los climas de una vida pueblerina. Aunque en el libro el lugar es mucho más austero y aislado. De hecho, se dan referencias de distancias desde Buenos Aires que no se corresponden con las del mapa. Pero lo destacable es que, como le sucede a uno de los protagonistas del libro, volver después de años y encontrar el lugar intacto es de una belleza sobrecogedora, casi paralizante, porque te traslada a otro tiempo sin mediar proceso alguno, lo cual es perturbador.
-Se sabe también que siempre tuviste inclinación por la literatura, que de chica leías, y mucho. De hecho, en el libro agradeces a tus padres por "darnos una biblioteca, en lugar de un televisor..." ¿Cómo fue, de chica, tu relación con los libros?
- En mi casa no había televisión por la simple razón de que para mi familia, en aquel entonces, era un artículo caro. El teléfono estaba en medio de una biblioteca que contenía un rejunte de libros de todo tipo; los de mi padre, los de mi madre, manuales escolares, y algunos ejemplares que habían pertenecido a tíos y abuelos. Mis padres no tenían tiempo para la lectura, trabajaban sin pausa y criaban cuatro hijos. No había orientación respecto a qué leer, de manera que devoraba tanto la colección Robin Hood, como el Joyario de Poe, el Romancero Gitano de Lorca, las poesías y cuentos de Borges, hasta las novelas de Chandler o Connan Doyle. Pero lo que más me atraía era la poesía. Alfonsina, Bernárdez, Nalé Roxlo, Pedroni, Rega Molina, Mistral. Me sabía algunos de memoria. Leí mas en mi infancia y adolescencia que hoy en día. En la primera juventud aparecen Pizarnik, Cortázar, Lispector, Salinger, Capote; y poesia mas audaz, Ocampo, Agustini, Bellesi. De grande descubro a Henry James, y a algunos escritores ingleses.

El momento del ansiado giro


-Paradójicamente, no tenías televisor, y millones de argentinos te tienen presente por tu presencia en distintos programas. Fuiste una actríz exitosa. ¿Por qué dijiste basta tras 25 años de carrera? ¿Cuánto influyó esta necesidad de escribir en cambiar de rumbo?
- No solo infuyó la necesidad de escribir, sino que siempre supe que un día dejaría de actuar para dedicarme a lo que realmente me gustaba. Mis primeras vocaciones están relacionadas con la danza y la literatura. La música también formaba parte de la vida de la familia. En la actuación me desarrollé de modo autodidacta, -por necesidad económica y porque tenía facilidad-, trabajando durante diez años solo en cine y en teatro, allí aprendí todo lo que años más tarde la gente pudo haber apreciado en mi desempeño televisivo. Pero paradójicamente el marco de la tv, que es una industria en sí misma, comenzó a definir mi retiro. Es un medio voraz, que apunta cada vez más al morbo y al efectismo, incluso en programas de calidad. El cine y el teatro que conocí en mis comienzos, e incluso hasta mis últimos trabajos, priorizaba el arte, el contenido, la sustancia. La tv propone ruido y expone al actor a mostrarse como “estrella”. Nada más lejos de mi camino. Mi inclinación es artística y siempre aspiré a conciliar espectáculo y cultura. En el trayecto casi muero literalmente en el intento. Tuve un accidente en medio de una grabación que fue toda una metáfora de lo que estaba sintiendo dentro de mi espíritu. Entonces supe que era el momento de dar el tan ansiado giro. Dirigí teatro, para comenzar a estar del lado de las ideas, y no al servicio de ideas ajenas. Hacía tiempo que venía publicando artículos en las revistas “Negra” y “Wipe”, con alguna participación en libros de cuentos junto a otros autores, y algunos poemas en un libro de fotografías. En ese lapso llegó Sudamericana y me contrató por dos novelas. Consideré que, o estaban locos, o veían un potencial en mí. Fue mi gran oportunidad.
-Volvamos a La Gracia. Hay un agradecimiento a Dolores, así a secas. Pero también una advertencia que se repite en cuatro páginas seguidas: "los nombres, hechos y personajes de esta historia son pura ficción. Cualquier semejanza con la realidad es mera coincidencia". ¿Cuánto hay de Eugenia Sosto, la mujer que luego de veinte años se ve obligada a salir de la vida urbana para regresar a su pueblo natal, en Inés Estévez?
- Esas páginas son un pequeño chiste, que se devela en el último cuento, cuando el personaje de Eugenia Sosto, atrapada en ese pueblo al que tuvo que regresar luego de tantos años para enfrentar un juicio, intenta ficcionar lo que le sucede valiéndose de una máquina de escribir con poca tinta, y esa frase de rigor sale despareja, dando impresiones erróneas e inconvenientes. Debo confesar que hubo un problema de impresión y no salieron como debían, lo cual representó un tremendo disgusto para mí, pero de todos modos cumplen su cometido. De Eugenia tengo solo el nombre, (es mi segundo nombre). Justamente quise construir un personaje opuesto a mi. Muy urbano, neurótico, dependiente de la informática, automedicado, fumador y solitario. Me interesaba ilustrar el choque que se produce entre la alienación de la gran ciudad, y el silencio y el aislamiento de un pueblo. Cuando una persona de esas características entra en el marco de un pueblo chico, se produce una colisión violenta para ambas partes; y el medio ambiente señala, presiona e intenta expulsar al “cuerpo extraño”. La dedicatoria a Dolores es escueta porque me pareció mas potente que explayarme. El libro lo dedico a mis orígenes, a quienes hicieron de mi quien soy y agradezco eternamente que me hayan tocado en suerte; a mi cuna, que son mis padres y mi inolvidable ciudad natal.

Un eterno pedido de disculpas


-A Eugenia Sosto le pasó algo similar a lo vivido en su momento por Osvaldo Soriano, con quien se enojaron en Tandil por una serie de artículos escritos cuando él vivía en aquella ciudad. ¿Hipocresía, temor? ¿Cómo se definen estas reacciones?
- Creo que son naturales. La idea de este juicio en mi novela surge de una experiencia similar vivida por mí hace unos años. Cometí la torpeza de publicar un cuento sobre un personaje de mi ciudad utilizando su verdadera identidad. Mis intenciones eran exaltar virtudes que yo veía en esa persona, y elevarlo a la categoría de ángel, porque para mí lo fue. Pero utilicé términos que la gente usaba habitualmente para definir a ese personaje, y un familiar interpretó que era ofensivo. Lo comprendo y seguiré pidiendo disculpas mientras viva, aunque mi idea era dejar claro que desde muy niña estaba en contra de ese mote, y de todos aquellos que se burlaban de él. Supongo que a nadie le gusta que se hable libremente de su vida o de la vida de alguien cercano, aunque sea en forma positiva. Y tienen razón. En esa oportunidad mi inexperiencia me hizo cometer un error. Por eso este libro es pura ficción.
-¿Cómo y cuando escribis? Directo en la computadora, en cuaderno, de día, a la noche...
- Escribo en la computadora, en cualquier momento en que no haya mucha demanda de responsabilidades ni ruido alrededor, de mañana temprano, o en las noches. Cuando adquiero ritmo no duermo resolviendo tramas y puedo levantarme de madrugada a completar una idea, o anotar un recurso que se me acaba de ocurrir. Llego tarde a las citas porque encuentro el cauce y no puedo detenerme. Es apasionante. Y como toda pasión consume y nutre. No como casi nada y mi alma está increíblemente satisfecha.
-Se observa un cuidado esmero es el "pulido" de cada capítulo /cuento. Hay quienes le asignan un rol fundamental a la relectura y la corrección. Parece ser tu caso...
- Exactamente. No tuve mucho tiempo para corregir, porque se adelantaron un poco las fechas, pero sin embargo me esmeré en ese punto. He ido descubriendo mi modo de estructurar, y en general avanzo en la trama dejando pasar errores para terminar la idea general. Luego me tomo el tiempo para completar en detalle el capítulo que acabo de escribir, y recién entonces paso al siguiente. Cuando el libro estuvo terminado, se lo dí a mi editora aun sin corregir, y a tres personas para que me den su opinión. A partir de allí hice dos correcciones, una gruesa, y al finalizar, hice otra más fina. Mientras tanto, confeccionaba una tabla de épocas, acontecimientos, años y edades, para que todo tenga correlación aunque no se expresara el dato exacto en el libro. En suma, escribir puede llevarme bastante menos tiempo que corregir.
-Escribís en uno de los capítulos, "Gloria" que "si hay algo que al destino le encanta hacer, es entreverar caminos a su antojo, sin pedir permiso ni perdón". Me da la sensación de que en muchos párrafos se "entreveran" las imágenes televisivas ("la espió de reojo pero no consiguió nítidez en su contorno. No pudo sino mirarla como si evocara un sueño") con la escritura pura. Como que hubo una retroalimentación entre tus pasiones...
- ¡Qué lindos los ejemplos que citás! Son frases que me han fluido sin mediación del pensamiento. Es verdad que el libro es cinematográfico, es decir, hay cuadros nítidos que el lector puede “ver” en su imaginación. Eso estuvo muy pulido en la última corrección, tuve que “editar la película” y quitar descripciones porque efectivamente, al decir de mi editora, parecía que le daba órdenes a un director de arte. Deformación profesional, pero también intencional. Estimular la visualización es parte del encanto. Supongo que cuando leemos, todos “vemos” lo que se nos relata.
-En "Peces de la ciudad", Joaquín Sabina dice "comprendí que al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver". ¿Suscribís?
-Mi mirada de la vida es menos melancólica, menos pícara y menos tanguera que la de Sabina. Soy positiva, sintética y espiritual. Mas taoísta que otra cosa. Volver nunca es volver realmente. Si el destino te ha llevado por allí, será que eso representa una nueva oportunidad de avance. De ese tema en cierto modo habla el libro.
-¿Qué estás leyendo actualmente? ¿Cuales son tus autores preferidos?
- No leo mucho últimamente, sobre todo si estoy escribiendo, para no influenciarme con estilos ajenos (corro ese peligro y lo evito a toda costa). Mi autor irresistible es Wilkie Collins, un victoriano a contramano de su época, genio de la trama y el suspenso, con ética por encima de aquella encorsetada sociedad.


"Un personaje se hace seguir"

-Dicen los escritores que cuando el libro sale a la calle, ya es un como un hijo que empieza a vivir sólo, a correr libre. ¿Cómo viviste ese momento?
- Sé soltar. Lo aprendí haciendo cine. Das todo y luego ya no sos dueño de nada. Con los libros hay algo de esa fatalidad. Ya está, tiene cuerpo, forma, no podés hacer más nada por él. Ni siquiera lo he leído en su formato flamante de libro. ¿Qué podría hacer, salvo comprobar que hoy lo haría un poco mejor?. Y eso es bueno, porque significa estar en constante evolución, que es lo que persigo.
-¿Cuales son tus planes, en materia literaria. ¿Cuál será tu próximo desafío?
- Tengo un segundo proyecto para Sudamericana, también novela, que empezaré a escribir no bien termine la difusión de “La Gracia”. Por otra parte, tengo seleccionada una buena parte de una producción de poesía, que es el género con menos adeptos y de menor venta, pero es el que cultivo desde siempre y al que mas me parezco. Por último, está en camino un libro sobre mi método de enseñanza de la interpretación. Un nuevo sistema que desarrollé y que hace tres años aplico en seminarios de actuación.
-Actualmente estás dirigiendo teatro. ¿Encontrás similtudes entre ambas disciplinas?
- Dirigí teatro una vez, y en un marco mitad independiente, mitad comercial. Esto último incluyó seguir dentro del sistema del cual escapé cuando dejé la actuación. De modo que volveré a dirigir pero en un marco de investigación y experimentación, lejos de las exigencias del mercado. No encuentro similitudes entre la escritura y la dirección. En la literatura todo es sorpresivo e imprevisible, un personaje se hace seguir y uno no puede menos que acompañarlo. En el teatro los actores son seres más definidos, con rostro, voz, limitaciones, y los personajes están ya escritos, generalmente por otros. En la literatura podés hacer crecer un árbol en un baño, en un teatro eso sería un problema de producción.
-¿Vas seguido a Dolores?
- Desde que murió mi padre voy menos. Ahora viaja más mi madre a Buenos Aires. Pero me encanta volver. Me gusta especialmente levantarme en las mañanas y tomar mate cerca de mi madre, sentirme hija, el sabor de la comida casera, las flores del patio y caminar por el pueblo en las siestas de sol. Es hermoso en primavera y en verano. El silencio y las calles quietas de Dolores son de las cosas mas bellas del mundo.
-¿Venías a Mar del Plata en tu infancia? Qué recuerdos tenés de esta ciudad?
- Ibamos poco. Entre las dificultades económicas y las ventajas de veranear cerca del campo, solíamos quedarnos en casa. Pero recuerdo algún fin de año con arena y mar, y otra vez que fuimos toda a familia en el Citroën (seis personas!), nos alojamos en un hotel y paseamos mucho. Tengo dos tias muy queridas allá, hermanas de mi padre, dos personas tan coloridas, personales, ocurrentes y entrañables como él. Debería visitarlas más seguido, pero nunca encuentro el tiempo.
-Finalmente agradeces a tu esposo Fabián Vena, a quien llamas "mi primer editor". El otro día, Florencia Bonelli, quien acaba de presentar el primer de uno saga de tres libros ya finalizados de 600 páginas cada uno, agradecía a su esposo por "tantas noches de panchos"...¿Cuánto se involucró tu esposo en el libro?
- Fabián me regaló la computadora cuando decidí escribir, me apoyó en la decisión del cambio, leyó cada artículo, y después cada cuento. Es mas lector que yo, sabe más de literatura, es más estudioso y tiene mucha experiencia, además de una biblioteca completísima y variada. A mi autor favorito lo conocí gracias a él. Escuchó y colaboró en disipar cada duda, sostuvo mi vértigo productivo cuando se acortaron los tiempos, entendió, asistió. Hubo muchos dias en los que, de no ser por él, no hubiera recordado que tenía que alimentarme. Y hasta cocinaba platos sanos para que no me enfermara.
-Para concluír. ¿Imáginas a La Gracia convertida en película?
- Podría ser. Es muy visual, tiene clima, misterio, suspenso y vuelcos en la trama, además de personajes que serían una tentación para los actores. Quizá un día alguien quiera hacerla en cine. ¿Por qué no?.

2 Responses so far.

  1. Fiona says:

    Marcelo,devoré tu entrevista,leí el libro,ya que mi esposo es de Dolores...
    es precioso,la delicadeza de ines se nota en cada palabra y cada Historia.
    saludos

  2. Anónimo says:

    acabo de terminar de leer el libro. Me encantó!!! mientras lo leía pensaba exactamente lo que le preguntaste, me lo imaginé en pelicula!