La vuelta de Fernández Díaz con sus particulares pinturas
Acaba de editarse "Alguien quiere ver muerto a Emilio Malbrán", nuevo libro del escritor y periodista Jorge Fernández Díaz donde a través de la crónica policial se pintan escenas de la Argentina reciente. Otro excelente trabajo del autor de "Mamá"
Bukowsky, Fito Paez, Goyeneche, Mao, Perón, Calamaro, Paul Auster, Hemingway, el Loco Chávez, Arrostito, la Raulito, Alan Poe, Charly García, Borges, Soriano, Olmedo, Cortázar, Maradona, Fontanarrosa, Laurel & Hardy, Stevenson, Philip Marlowe, John Wayne, Rolling Stones, Fogwill, Firmenich, Beatles, Arlt, Pérez Reverte, el pibe que pide monedas en el semáforo, Sinatra, Troilo, Tarantino, Conan Doyle, Picaso, Sherlock Homes, Bioy Casares, Serrat, Eloy Martínez, San Martín, José Pablo Feinman, Charlie Parker...
Imagenes, canciones, escenas, frases, reflexiones, muecas, sugerencias, ideas, salen del "seleccionado" anteriormente citado, y desfilan por el escritorio de Jorge Fernández Díaz cuando por fin se decide a sacar otro libro. Con 50 años, más la mitad de ellos en redacciones, entre periodistas bohemios a los que extraña por aquellas charlas y "clases" de los viejos maestros que continuaban en el bar con otro vaso de vino o el plato del día, Fernández Díaz vuelve a deslumbrar con "Alguien quiere ver muerto a Emilio Malbrán"
Se trata de un libro de esos que uno disfruta desde el primer hasta el último cuento. Este periodista y escritor "pinta" el país como pocos, con la excusa de narrar historias donde los marginales, los perdedores, los humillados, en la mayoría de los casos, por algunas páginas se convierten en queribles protagonistas. En "Alguien quiere ver muerto a Emilio Malbrán" hay incluso olor y paisajes marplatenses (la costa, una playa desierta, el Bosque Peralta Ramos, el aeropuerto) y para los periodistas es aún mayor el gusto ante las descripciones de las redacciones, los contactos con policías y fotógrafos a la hora de cubrir un crimen, las noches de insomnio o esa crónica de cien líneas que sale de un tirón tras una ginebra o el paso de la correspondiente musa.
Fernández Díaz es un relator, un artesano de las imagenes y las palabras, que puede dar vida, después de los cierres en el diario, a una novela histórica o un cuento de amor. Es el hombre que no puede faltar en cualquier Feria del Libro, o el periodista que cuando no era "moda", marcaba los errores del gobierno de Néstor Kirchner con una claridad conceptual que obligaba a leer y recomendar aquellas reflexiones en la tapa de su diario. Es el hombre que se ha codeado con políticos de toda talla, figuras del espectáculo, del deporte, la literatura o el arte, y en la cena con amigos prefiere escuchar a hacer alarde de aquellos contactos. Como su "wing izquierdo" asesinado, se instala lejos del área para presenciar y ver lo que muchos no ven.
"Yo nací para mirar lo que pocos quieren ver,
yo nací para mirar...Miro!" (Vuelve a colarse Charly García en esta crónica). Y al lector que se "devoró" el libro en una noche, se le ocurre que aquello del "hombre enreverado", de Fito, tampoco puede faltar. "Me gusta estar a un lado del camino,fumando el humo mientras todo pasa, me gusta abrir los ojos y estar vivo, tener que vérmelas con la resaca".
"Este tipo tiene muchas cosas mías. Escribe algunas de mis historias, y apostaría a que en su biblioteca están los libros que no pienso prestar jamás. ¡Ni imaginar si le reviso los discos!. Este porteño puede ser mi amigo, no tengo dudas", me confesó hace un par de años otro colega. Quizás, como representante de una generación que vivió varios Mundiales, una guerra, una dictadura y un florecer democrático, Fernández Díaz aparece como uno de los traductores más lúcidos de lo vivido en todos estos años.
Como bien se explica en el libro, el autor de "Mamá" y "La logia de Cádiz" escribía de joven estos textos de Malbrán con los materiales que no podían ser publicados por los diarios para los que trabajaba en los años 80. Aquí aparecen por primera vez reunidos, revisados y reescritos. Aquellos relatos sin respiro, convierten a "Alguien quiere ver muerto a Emilio Malbrán" en un libro inesperado, una experiencia que cuenta desde la literatura, la siempre enigmática realidad argentina.
"Yo soñaba con ser un escritor popular. Tenía veinticinco años y sentía que había nacido en una época equivocada. Mi deseo íntimo consistía en emular los folletines del siglo XIX, los cuentos de Black Mask, las novelitas del Club del Misterio, las series de investigadores de la televisión de los setenta, las pesquisas proletarias por entregas de Walsh y el cómic narrativo y fordiano de Oestherheld. Imaginaba que había una especie de justicia poética en esos pasajeros que luego de leer vorazmente una pulp fiction en un viaje la arrojaban a un cesto de la basura o la abandonaban en el asiento para seguir con sus vidas. Prosa para el olvido que sin embargo era inolvidable", señala Fernández Díaz, para añadir que le parecía que en estos tiempos, la literatura se podía crear en los márgenes. "Y que esos márgenes no estaban, como se pregonaba, en las innovaciones estilísticas ni en las piruetas herméticas del lenguaje ni en las derivas de la trama, sino en los géneros menores: la historieta, el western, la aventura, el fútbol, la crónica policial y sobre todo, la novela negra. También creía que la literatura se engrandecía y legitimaba cuando llegaba al lector básico, al hombre de a pie, a la infantería antiintelectual, al pueblo".
En esas extremas y peregrinas creencias se cocinó la saga de Emilio Malbrán. Todo empezó en el vespertino La Razón, que vendía 120.000 ejemplares a pesar de que Jacobo Timerman lo había cerrado unos meses.
"Agobiado por el fracaso en la circulación de su depurada edición matutina, -cuenta hoy Fernández Díaz-Jacobo se comprometió a devolver a la calle un diario que había hecho época y que acaso fue el último gran vespertino de la historia argentina. A mí me destinó a la sección de los crímenes y allí fui feliz como nunca. Mientras leía a Hammett y a Chandler, a Goodis, a Cain y muy especialmente a Ross McDonald, escribía e investigaba asesinatos duros y misteriosos y departía en la redacción y en la calle con los viejos cronistas policiales que tenían códigos de lealtad personal, que se tuteaban con canas y delincuentes, que solían ir más adelante que la propia policía y que en muchas ocasiones no podían publicar la verdad verdadera".
Ahí está entonces el orígen, el nacimiento de este libro, recomendable por cierto, que vuelve a mostrar que hay buena literatura aún, con olor a calle y redacciones. Como la de Jorge Fernández Díaz, quien vuelve a ratificarlo.
El Autor
- Marcelo Pasetti
- Hola, mi nombre es Marcelo Pasetti. Soy periodista hace muchos años. Apasionado por la profesión. Actualmente soy el Sub-Director del Diario La Capital de Mar del Plata. Si querés contactarte conmigo mandame un mail a marcelopasetti@gmail.com o simplemente dejame un comentario en el blog.
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