Alicia Dujovne Ortíz : "El acto de escribir es de naturaleza luminosa"
"La escritura libera: aun cuando se cuentan historias tremendas, el acto de escribir es de naturaleza luminosa",afirma la periodista y escritora, Alicia Dujovne Ortíz
tras la aparición de su último libro "¿Quién mató a Diego Duarte?. Crónicas de la basura", de editorial Aguilar. Un libro duro. Admite que hay un antes y un después de esta publicación. "He asistido a escenas inenarrables y he conocido a gente extraordinaria, lucida y corajuda, que ha encontrado la manera de sobrevivir en medio de lo unico que se les ha dejado, la basura", puntualiza.
En 2004, un chico, Diego Duarte, murió sepultado, asfixiado, bajo toneladas de residuos en los basurales de José León Suárez, por orden policial. Esto motivo que Dujovne Ortíz investigara y trabajara para llegar a una conclusión: "el crimen permanece impune porque la policía levantó el cadáver de la montana del Ceamse donde había quedado enterrado, y sin cadáver no hay delito".
-¿Por qué se decidió a escribir este libro?
-Vivo casi todo el tiempo en Paris y el fenómeno del « cirujeo », inexistente en mi época, me resultaba extraño, como si tuviera lugar en un pais desconocido. Me puse en contacto con asociaciones de cartoneros porque queria escucharlos, verlos de cerca. El dirigente cartonero Ernesto Paret, sin el que este libro nunca habria existido, me propuso « mostrarme la realidad » y me llevo a lugares donde no creo que mucha gente haya estado : la descarga clandestina de Campana, un taller con máquinas que un ex-mecánico arruinado en 2001 se invento para moler las botellas de plástico y vender el polvo con más valor agregado, varios asentamientos de José León Suarez levantados sobre viejas descargas de basura, donde funcionan cooperativas de cartoneros extraordinariamente vigorosas.
-En primer plano aparece un crimen sin resolver, como es el de Diego Duarte.¿Un síntoma más de la crísis argentina?
-Un síntoma y una metáfora: un pibe formoseno recién llegado a Buenos Aires, que ha sido arrojado a la basura por este sistema social, que vive sobre la basura y de la basura y muere aplastado bajo toneladas de basura por orden policial. El crimen permanece impune porque la policía levantó el cadáver de la montana del Ceamse donde había quedado enterrado, y sin cadáver no hay delito.
-Por la forma en que se involucró, da la impresión de que para usted, nada será igual después de haber escrito este libro
-Es un antes y un después. Porque he asistido a escenas inenarrables y porque he conocido a gente extraordinaria, lucida y corajuda, que ha encontrado la manera de sobrevivir en medio de lo unico que se les ha dejado, la basura. Después de haber hablado con ellos me doy cuenta de que lo que ellos valorizan es un verdadero trabajo de interés ecológico, en un mundo donde el empleo falta y faltara cada vez màs.
-El crimen de Diego Duarte es la excusa, además, para introducirnos en elmundo de la basura, desconocido por cierto para muchos. Què fue lo que más le llamó la atención?
-El hecho de que las empresas arrojen como desperdicio alimentos en perfecto estado de conservación, aunque dejaran de estarlo en poco tiempo, o electrodomésticos que se retiran de la venta porque son el modelo de año pasado. La obcenidad, el delirio de esta sociedad de acumulación y descarte se expresan en la « ley de disposición final » que obliga a enterrar comida y objetos todavía útiles, por la simple razón de que el Ceamse, cuyo negocio es enterrar lo más posible, cobra por tonelada de basura enterrada. -Usted estuvo en el Ceamse, convivió con gente desesperada...¿Se ganó laconfianza de ellos?
-Arriba de la colina del Ceamse nadie me prestó atención, porque cada uno de los 1.500 quemeros que cada día suben corriendo entre las 17 y las 18 horas para buscar en la basura, controlados por una Bonaerense represora, esta ocupado en lo suyo. El cuñado de Ernesto Paret me acompanaba, pero en ese lugar terrible no hay confianza que valga, cada cual lucha desesperadamente por apropiarse de un paquete de salchichas o de hamburguesas, en parte para comer y en parte para la reventa. La impresión, con todo, no era de desorden sino de eficacia : cada uno sabe lo que ha ido a buscar y lo identifica de un golpe de vista. Son condiciones atroces pero insisto en que se trata de un verdadero trabajo, valioso en la medida en que permite sencillamente no morir.
-Señala en una parte del libro que con los cartoneros, en el centro, en las calles, "no nos miramos". Refiere al tabique invisible entre ellos y nosotros.
-Los cartoneros están acostumbrados a ser mirados con indiferencia o con odio, y no miran a nadie. Repito que estan demasiado ocupados en una tarea absorbente, agotadora, que los aisla como si estuviera detrás de un tabique. No tienen tiempo para comprobar si la señora horrorizada o el taxista histérico se hacen cruces al verlos, los ignoran. Si algo espero de este librito es haberles dado un poco de visibilidad real, vale decir, restituirles el derecho a una mirada humana.
--Leía en un reportaje a una especialista en políticas públicas que "ante loscartoneros no se tiene la mirada romántica que se tenía por los cirujas y botelleros.
-Habia menos que ahora. Los cirujas y botelleros de antes pertenecían a un mundo con pobreza, pero aun con trabajo. Y tampoco creo que al croto que estaba en la vía se lo haya mirado con ternura. La pobreza siempre ha dado miedo.
-Esa especialista decía, además, algo que queda muy en claro en su libro: en los basurales se tejen redes políticas, económicas y sociales.
-¿Quien controla el Ceamse, quién se favorece con el aumento desorbitado de la basura, en qué medida las cajas de la politica estan mezcladas con la basura tal como estan mezcladas con la prostitucion y con la droga ? Yo no soy una especialista, soy una escritora y periodista que en esta cronica hace preguntas y decide darles la palabra a los protagonistas del drama, en la forma menos teórica posible, respetando la infinita complejidad del problema.que no se agota en un par de frases.
-Con el correr de las páginas uno no tiene duda de que se trató de un crimen espeluznante. De hecho, usted descubre incongruencias entre los testimonios. ¿No intentò entrevistar a los policías que aquí aparecen como responsablescasi directo del asesinato?
-No, por dos razones. La primera, porque no me animé, asi de simple. La segunda, porque el discurso policial y oficial, el del Ceamse, es que Diego Duarte no murió sino que se escapó a Paraguay para que su hermana Alicia González cobrara la indemnización. De haberlos entrevistado habría escuchado ese discurso, mientras que al leer y estudiar con lupa las actas del proceso pude hallar contradicciones y ocultaciones fragrantes que revelan la mala fe, las pocas ganas de descubrir la verdad.
-¿Por què no se descubrió la verdad? Por miedo, por negligencia...Para la justicia no hay delito al no existir el cadáver.
-Por miedo, por negligencia y por complicidad entre el Ceamse, la policia y la justicia. El muerto, o el desaparecido, pertenecía a la categoria del « negrito de mierda ». En el proceso se nota muy bien que nadie se va a quemar por defender a un negrito. Extremando el optimismo, es de desear que se reabra ese proceso, hoy archivado, basandose en los indicios evidentes, tal como en muchos juicios se ha hecho para reemplazar el cuerpo del delito.
-Como lector, en algún momento tuve el impulso de dejar el libro. Como una forma de querer mirar hacia otro lado, desconociendo esta otra realidad de miles de argentinos de la quema, de los basurales...
-Es muy comprensible, yo también durante los meses que duro mi investigación tuve ganas de salir corriendo. No lo hice porque consideré que averiguar los entretelones de esta historia, y contarla, era una obligación personal. Puesto que me la habían contado, yo debía transmitirla a mi vez. Frente a la injusticia queda por lo menos una ultima solución, hacer ruido.
-En una parte del libro usted sostiene que la cumbia villera y el reguetón expresan una desintegración que el tango nunca manifestó porque aquel tiempo no erade cirujas sino de obreros.¿Una Argentina que perdiò mucho en poco tiempo?
-El tango era llorón pero, en general, no revanchista ni mucho menos revolucionario. En su tiempo había movilidad social, y un racismo mucho menos grave que el actual. La tanita o la galleguita podían deslumbrarse con las luces del centro, la piba villera de origen provinciano sabe que al centro no puede ir porque ha cometido el peor delito, el de portación de cara. Eso es lo que reflejan la cumbia villera y el reguetón, una reacción de autoexclusión forzosa ante la autoxenofobia vigente en buena parte del pais.
-También ronda el tema de la discriminación, incluso entre los mismos protagonistas de estas situaciones.
-Los inmigrantes paraguayos discriminan a los criollos y viceversa. Ambos grupos tienen actitudes distintas frente a la pobreza y a la solidaridad. Pero en el mundo del Ceamse, como bien dice Alicia González, la guerra de pobres contra pobres la atiza la policia, para sacar provecho o simplemente « para gozarla ». El sadismo de la Bonaerense surge de todos estos testimonios, aun más desolador cuando se comprueba que el policía que tortura a un pibe ciruja tiene la misma extracción social, y es como si se vengara sobre él de su propios origenes, de su propia infancia.
-El capítulo "La flor de loto" muestra un entusiasmo contagioso a propósito del taller literario de la cárcel. Incluso "regaló" abrazos a los poetas y escritores...
-Me nombraron madrina del taller literario del pabellon 48 de maxima seguridad del penal de San Martin. Madrina simbólica, porque al inaugurarlo sabía que me tenía que volver a Paris. Pero a mi regreso me encontré con los sutiles, refinados y conmovedores poemas que los presos habían escrito en mi ausencia, trabajando junto a Cristina Domenech y a Pedro Nazar. Esos presos considerados como tan peligrosos son los morochos del barrio, caídos fatalmente en la delincuencia por falta de otra salida. Desde un punto de vista literario y humano se merecían las felicitaciones y los abrazos.
-Qué sintió cuando leyó el libro?. Misión cumplida?. ¿Bronca?. ¿Impotencia?
-La bronca y la impotencia las senti mientras investigaba. Pero la escritura libera: aun cuando se cuentan historias tremendas, el acto de escribir es de naturaleza luminosa. No espero que esta modesta crónica cambie la situación de los cirujas, pero si que cambie un poco la mirada con que se los ve.
