La esperada vuelta de Fernández, un tipo común...
Se extrañaba, pero al fin volvió. Regresó Fernández. El protagonista principal de "Mamá", "Fernández" y "Corazones desatados" vuelve a cautivar a miles de lectores en "La segunda vida de las flores", la nueva novela de Jorge Fernández Díaz lanzada recientemente por Sudamericana. Volvió Fernández. Nada más y nada menos que un tipo común.Otro libro conmovedor, donde suenan las teclas que mejor maneja Fernández Díaz. El amor, con lo que ello implica, aunque de golpe el libro se puede convertir en un thriller, donde las sorpresas crecen de la mano de la tensión.
Una vez más, Fernández Díaz atrapa al lector. En este caso, un legendario seductor, a punto de entrar al quirófano y con miedo a morir o quedar postrado para siempre, sale por cafés, clubes y milongas a conquistar una última mujer. Compartirá esa larga noche con su amigo y discípulo, un periodista que se acaba de separar y que se llama Fernández, se señala.
El autor de este libro tiene 49 años, es un periodista reconocido, y ya pasó por todas las tareas que pueden cumplirse en una redacción. En las nerviosas y acalarodas noches de cierre, cuando el reloj parece acelerar más que durante el resto del día, seguramente ideó "El asesinato del wing izquierdo", "Mamá" o "La logia del Cádiz", en su homenaje a San Martín. Porque Fernández Díaz destila periodismo. Pero por sobre todas las cosas, es de esos autores absolutamente transparentes. Leerlo es conocerle sus gustos. Uno hasta adivina su biblioteca, donde abundan, puede deducirse, los libros de Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares, todos los de su amigo Arturo Pèrez Reverte, seguramente los de Abelardo Castillo, Cristina Bajo, Raymond Chandler, William Faulkner, por nombrar tan sólo algunos autores. La entrega es tal que hasta se adivinan los Cds de Charly, de Fito, de Calamaro, del Polaco Goyeneche, cerca del escritorio donde escribe todas las noches, entre fotos familiares y un par de objetos "fetiches".
Fernández es usted. Soy yo. Escribe en su cuaderno, garabatea frases y ·escupe" líneas como las siguientes:
"Si hubiera un lockout en todas las farmacias de Buenos Aires habría choques masivos y escenas de pugilato en las calles y en los negocios, y que muchas cosas dejarían de funcionar,
principalmente los diarios, las radios y la televisiòn en vivo. Es que la revoluciòn química nos ha empastillado de un modo inédito, y esa práctica resulta directamente proporcional al miedo y a la desdicha. Son contadas las personas con las que me encuentro e intimo que no muestran rápidamente temor o decepción. Los sufrientes quintuplican a los gozantes y tienen incluso mayor prestigio: ¿cómo ser feliz en un mundo horrible, cómo ser dichoso cuando los niños mueren de hambre, cómo vivir tranquilo si sabemos que nos pueden arrasar miles de desgracias?.Como decía el caníbal, el precio de la imaginación es el miedo. Quien carece de imaginación no vislumbra todo el tiempo lo que puede sucederle, el yunque que puede caerle del cielo, el monstruo que sobrevuela con alas negras su pequeña suerte. La radio, la tele e internet nos tienen sobreinformados de los horrores y de las posibles miserias y trampas que nos esperan. En la Edad Media, esa información no existía, y claro, teníamos a los dioses. Ellos nos premiarían en el más allá, y en el más acá regirían nuestro destino. Hoy que Dios ha muerto, la ilación se ha roto, las perlas del destino se han desparramado por el piso y el caos del universo nos gobierna.
Nacimso del casos y del Big Bang y vamos hacia el caos y hacia el fin de fines: después de la muerte no hay nada y tenemos que vivir el paraíso en los pocos años que nos quedan. Aquel dios, al menos, nos exigía apenas diez mandamientos. Ahora la sociedad nos exige cien: hay que estar delgado, no fumar, fornicar mucho y bien. ser exitoso, formarse permanentemente, cuidarse del colesterol, hacer gimnasia y ser siempre joven y vital, estar informado, leer muchos libros, ver las películas clásicas, y todavía te tiene que alcanzar el tiempo para otras setenta y siete leyes indiscutibles. Es así como corremos todo el día tratando de cumplir, como siempre estamos en falta y como se nos va la vida. Y es así que al llegar la noche tomamos una pastilla para dormir, y otra para la presión, y un complejo vitamínico y un antidepresivo para que la vida nos persona y siga siendo tan, pero tan, tan maravillosa".

Lo anterior puede leerse en la página 66 de "La segunda vida de las flores". Ya no se pueden parar de "devorar" las páginas, palpitando con Leno Frangolini, acompañando a Fernández, espiando a La Colorada y a Nerina, o buscando a Milagros.
Buen testigo de época, pintor como pocos escritores de las vivencias de la generación que zafó de Malvinas por tres o cuatro años, Fernández Díaz derrumba el mito de que el amor hoy no vende. "El periodismo no sabe narrar los sentimientos", digo alguna vez, y aceptó el desafío de torcer esa realidad. Dejó la cómoda oficina del diario, se acordó de sus épocas de redactor, y libreta en mano, salió a buscar historias en las calles para regalarlas, sábado a sábado, desde "La Nación". Ganó la batalla demostrando que el periodismo, o mejor dicho, algunos periodistas, pueden y saber narrar los sentimientos.
Nada más cierto que aquello de que hay libros que recuperan el incomparable placer de la lectura. "La segunda vida de las flores", es un trabajo de orfebrería. Hay párrafos, frases, giros, se adivina, que llegaron después de horas y horas de búsqueda. Hay correcciones sobre correcciones. Están los libros, está la música, están las revistas, las libretitas de Fernández Díaz.
Está Fernández, quien por fin volvió...
