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By Marcelo Pasetti 0 comentarios

Adamovsky y un completo análisis de la historia de la clase media argentina

Para el autor del libro "Historia de la clase media argentina", "la que volteó" al ex presidente Fernando De la Rúa no fue la clase media, "sino una rebelión generalizada de vastos sectores sociales, que fue capaz, durante un lapso breve, de construir inéditos lazos de solidaridad política en las calles".
El historiador y escritor Ezequiel Adamovsky presentó su libro "Historia de la clase media argentina" en Mar del Plata, oportunidad en la que, resaltó que fue en 1919 cuando comenzó a utilizarse la expresión “clase media” en nuestro país, que antes era prácticamente desconocida. "Mi trabajo pudo establecer que los que la introdujeron fueron políticos e intelectuales situados a la derecha del arco ideológico", afirmó. En este contexto, Adamovsky puntualizó que "instigar un orgullo de clase media servía para separar el cuerpo social e impedir que se juntaran los reclamos del escalón más bajo de la sociedad con el que le seguía inmediatamente por arriba"
El libro de editorial Planeta -uno de los más vendidos de la semana en Mar del Plata-fue preparado a lo largo de diez años. A lo largo de la extensa charla, el investigador dijo que "es falso que la UCR de tiempos de Yrigoyen, fuera un partido de clase media. Sus líderes, inicialmente al menos, eran tan oligarcas como lo eran los de los partidos conservadores". Y aclaró que a De la Rüa "no lo volteó la clase media". Por el contrario, dijo,
fue expulsado "por una rebelión generalizada de vastos sectores sociales, que fue capaz, durante un lapso breve, de construir inéditos lazos de solidaridad política en las calles"
Asimismo, Adamovsky apuntó que la idea de una Argentina de clase media diferente por ello de Latinoamérica -más “europea”- "es una construcción ideológica, parte del proyecto europeizador de las élites locales"

-¿Por qué escribió este libro?
-Porque me llamó la atención comprobar que, en un país que siempre se jactó de la importancia de su clase media, nadie se hubiera tomado el trabajo de escribir su historia. Me pareció todo un síntoma, un punto ciego de nuestra cultura. Y creo que mi interés no es casual. Cada vez se vuelve más claro que las políticas que los poderosos vienen implementando desde hace décadas en Argentina nos empobrecen a todos, salvo a la clase alta. Y fue precisamente la fragmentación, la falta de solidaridad política entre los sectores medios y los más humildes, lo que en varias ocasiones permitió la implementación de esas políticas antipopulares. Mi interés tiene que ver con comprobar que algunos de los elementos que conforman la identidad de clase media vuelven más difícil la creación de esos lazos de solidaridad.
-Se sabe que atrás de este libro, "Historia de la Clase Media Argentina", hay diez años de investigación. ¿Cómo fue el trabajo, como se desarrolló?
-Efectivamente, fueron diez años de trabajo intenso. Como prácticamente no había investigación de base realizada por otros investigadores, tuve que empezar desde cero. Durante estos diez años revisé una enorme cantidad de fuentes documentales de diverso tipo. Desde diarios, discursos políticos y debates parlamentarios, hasta publicidades y avisos clasificados. Desde las revistas y documentos de las asociaciones representativas de médicos, docentes, chacareros, empleados, etc., hasta el cine, la radio, el teatro y la TV. Desde encuestas y estadísticas, hasta memorias y entrevistas. Todo esto en un país en el que las bibliotecas y archivos están en un estado calamitoso. Fue en verdad un proceso muy trabajoso, pero estoy contento con el resultado.
-¿De qué hablamos precisamente cuando hablamos de clase media?
-Fundamentalmente de una identidad. Porque, en términos objetivos, hay muy poco en común entre un profesional y un almacenero, un empleado de comercio y el dueño de un comercio, un pequeño industrial y un docente. Son sectores enormemente heterogéneos, cuyo único punto en común es el haber desarrollado una identidad que los unifica. Eso es precisamente lo que estudio en mi libro: cuándo surgió esa identidad, por qué, qué funciones desempeñó y qué efectos tuvo en la historia nacional.
-¿Cuando comienza a hablarse de clase media? Según su libro, en 1919 podría marcarse ese comienzo...
-Ese es el momento en que comienza a utilizarse la expresión “clase media” en nuestro país, que antes era prácticamente desconocida. Mi trabajo pudo establecer que los que la introdujeron fueron políticos e intelectuales situados a la derecha del arco ideológico. Fueron ellos los que por primera vez trataron de instigar un orgullo de clase media. Y lo hicieron con una finalidad muy concreta. Ese año fue el pico del activismo obrero revolucionario en Argentina. En enero se produjo la Semana Trágica y durante todo ese año y el siguiente también empleados, docentes, estudiantes, chacareros y hasta actores de teatro fueron a la huelga y manifestaron simpatías con el reclamo obrero. En ese contexto instigar un orgullo de clase media servía para separar el cuerpo social e impedir que se juntaran los reclamos del escalón más bajo de la sociedad con el que le seguía inmediatamente por arriba. Yo llamo a esto un proyecto “contrainsurgente”: la utilización de la identidad de clase media para impedir la unificación de las luchas de diversos sectores y la circulación de ideas revolucionarias entre unos y otros. Dividir para reinar, convenciendo a un sector de que es diferente y está por encima del otro.
-¿Puede explicar lo que de alguna forma también se señala en el libro en cuanto a que la clase media tiene estrecha relación histórica con lo que se entendía como "decencia"?
-Mucho antes de que apareciera la clase media como tal, la llamada “decencia” –que no es otra cosa que un conjunto de pautas de conducta moldeadas según las ideas y costumbres de la élite– era un criterio para establecer jerarquías sociales. Ser clase superior significaba ser “gente decente”, con lo que se daba a entender que la clase baja era indecente (y por ello indigna de consideración). Cuando surgió la identidad de clase media, asumió ese ideal como propio, especialmente por al papel fundamental que tuvo la Iglesia católica en ese proceso.
-¿Se fue desdibujando el rol del peronismo y del radicalismo, con el correr de los años, con respecto a la relación e inserción en la clase media?
-En mi libro trato de poner en cuestión algunos mitos muy extendidos. Es falso que la UCR de tiempos de Yrigoyen, fuera un partido de clase media. Sus líderes, inicialmente al menos, eran tan oligarcas como lo eran los de los partidos conservadores. Y los votos que recibió fueron tanto de sectores medios como de trabajadores. Sólo con la irrupción del peronismo puede decirse que la UCR fuera un partido predominantemente de clase media. De hecho, el peronismo “parió” a la clase media como tal. Fue como reacción contra el carácter tan plebeyo que tuvo el peronismo en sus inicios, que se solidificó y unificó todo un sector social que, desde 1946, se identificó por primera vez como clase media. Por eso en nuestro país la identidad de clase media quedó asociada a una particular identidad política: por omisión, fue antiperonista. Y junto con ello adoptó una disposición marcadamente antiplebeya.
-Siempre se dijo que lo que diferenciaba a Argentina de otros países de América Latina era precisamente su clase media. ¿Eso permanece vigente?
-Hay un dato cierto: desde tiempos de la colonia la sociedad argentina –al menos en la región pampeana– fue más igualitaria que otras de la región, tanto en el trato como en la distribución de la riqueza. Algo de eso todavía queda: a pesar del declive de las últimas décadas, la distribución de la riqueza sigue siendo mejor en Argentina que en Chile, Brasil, Perú o México. Pero ello no quiere decir que haya “más clase media”, sino que es el resultado de un protagonismo mucho mayor de las clases populares en la vida política. La idea de una Argentina de clase media diferente por ello de Latinoamérica (es decir, más “europea”) es una construcción ideológica, parte del proyecto europeizador de las élites locales.
-¿No es cierto aquello de que los argentinos descendemos de los barcos?
-No, eso es inexacto. Descendemos de los barcos tanto como de las tolderías. Análisis genéticos recientes probaron que 56% de la población actual tiene contribución amerindia en alguna medida. Y se calcula que entre 6 y 10% tienen ancestros africanos. La idea de una nación “blanca” y de clase media tiene por función crear la noción implícita de que lo criollo y lo mestizo (“los negros”) son un resto bárbaro, un obstáculo al progreso nacional, una masa irracional y por ello manipulable por caudillos y demagogos.
-En la Argentina, de acuerdo a hechos recientes, todo parece demostrar que la suerte de los gobiernos dependen del "humor" de la clase media. Sin ir mas lejos, ¿cual es su análisis sobre la lectura que, a la distancia, puede hacerse de los cacerolazos?
-En verdad en nuestro país la suerte de los gobiernos ha dependido más del humor de la clase dominante, que es la que los ha derrocado o encumbrado la mayoría de las veces. Yo no estoy de acuerdo con la lectura que se hizo de los cacerolazos como una reacción de la clase media contra el corralito. Cuando uno analiza los eventos de esos tiempos, el modo en que se encadenaron no sólo en Capital sino a nivel nacional, uno descubre una trama en la que se entrelazan acciones de clase baja con acciones de parte de los sectores medios. Lo que volteó a De la Rúa no fue la clase media, sino una rebelión generalizada de vastos sectores sociales, que fue capaz, durante un lapso breve, de construir inéditos lazos de solidaridad política en las calles.
-Hoy la situación del campo divide las aguas. Se juega la aceptación o el rechazo de la clase media a la lucha del campo desde los sectores en pugna. ¿Se definirá el tema cuando la clase media definitivamente tome partido? -Cuando las entidades patronales del campo lanzaron su movimiento de oposición a las retenciones, ciertamente consiguieron ganar el apoyo de importantes sectores medios. Pero la prensa exagera cuando dice que la clase media toda apoya el reclamo patronal: hay una buena porción que no lo hace, o que está contra este gobierno por otros motivos y aprovechó lo de las retenciones para manifestar su disgusto. Pero en cualquier caso no se trata de una cuestión que afecte meramente lo que haga o deje de hacer la clase media. El conflicto se definirá seguramente cuando un gobierno más favorable a los intereses agroexportadores logre llegar al poder. Y sólo lo conseguirá si logra movilizar también el voto de parte de la clase trabajadora. Gracias a las limitaciones, los errores y las torpezas de este gobierno hoy vemos la posibilidad cierta de una nueva coalición de derecha capaz de ganar el poder, con programas económicos que sin lugar a dudas empeorarán las condiciones de vida para la gran mayoría de la población.