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By Marcelo Pasetti 0 comentarios

Roberto Fontanarrosa: "Me
desvela encontrar una
buena historia para contar"


El escritor y dibujante Roberto Fontanarrosa juega de local en su Rosario natal. Una charla junto al Paraná que va del fútbol a los amigos, de Osvaldo Soriano a su enfermedad, de Olmedo a internet. Un Fontanarrosa auténtico que admite que en estas horas, "es terapéutico" el cariño que recibe de los argentinos


"Voy a la calle Wheelright", le digo al taxista y el tipo, mirando por el espejito, la cancherea.
-"¿Va a lo del Negro?", pregunta, acentuando lo de "El Negro" así, a secas.
Le contesto, y entonces arranca con un monólogo donde se multiplican los elogios hacia Roberto Fontanarrosa.
"¡Hasta es de Rosario Central!", me dice orgulloso, señalando el banderín imantado sobre la guantera. Antes de bajar me comenta muy serio:
-"¿Sabe por qué acá lo aman?. Porque es rosarino en serio, no de pico. Nunca se fue de aca. Por eso el Negro es un prócer, un grande...".
El "Negro" está hablando por teléfono y contemplando el Paraná de su Rosario, desde el espectacular ventanal del departamento, en el sexto piso. Es sábado al mediodía, mañana juegan Central y Newells, y Rosario está en ebullición. Corta, invita a sentarse junto a su mesa de trabajo -donde resalta una pelota de fútbol firmada por Diego Armando Maradona- y le cuento lo del taxista.
"Es un valor agregado, como lo apreciaste con el tachero, pero a mi me suena un tanto injusto, Obviamente, yo me quedé por varias razones, donde privan fundamentalmente las afectivas y las emocionales, pero hay alguna de caracter práctico desde el momento en que mi trabajo, afortunadamente, se puede hacer desde lejos. Ese reconocimiento, que yo siento mucho, implica casi un reproche para aquellos que se fueron. ¿Entendés?. En verdad, muchos de ellos tal vez se hubieran querido quedar y debieron irse por razones de trabajo. Mi hijo Franco, que es músico, vive en Buenos Aires e indudablemente allá se le abren más posibilidades que acá en Rosario,. Y de última, de última, con la dinámica que hay en todas partes, con la movilidad, si alguien presume o imagina que va a tener más campo de trabajo en otra parte, o que se quiere ir a otras parte porque le parece que la va a ir mejor, no creo que sea ningun pecado. De todas maneras, uno de los argumentos que se manejan en torno a mi es que me quedé en Rosario, pero también yo digo que hay un millón y pico de personas que se quedaron aqui. Lo mio no es un capricho tan extraño. No es que yo esté viviendo en una montaña o una isla. Aparte, también soy muy arraigado y me costaría mucho irme de Rosario", señala frente al grabador.

"Tuve una infancia sin ver el río"

Fontanarrosa habla y mira al río. Detrás de él, una hermosa biblioteca atesora centenares de libros, muñecos, fotos. Hay una con Joan Manuel Serrat, otra de su hijo Franco, un fax, una computadora, impresora, y más libros, y más historietas y revistas. "Doné la mitad de los libros a una biblioteca de acá hace poco", afirma y la charla vuelve a girar en torno al Paraná.
-Nací y crecí a cuatro cuadras de acá, muy cerca del río, pero toda mi infancia y mi juventud, como la de los rosarinos que tienen mi edad, fue sin ver el río, porque todo esto estaba tapado por los paredones del ferrocarril y del Puerto. Ahora desapareció lamentablemente el ferrocarril y se trasladó el Puerto, y entonces Rosario recuperó la posibilidad de tener en toda la parte céntrica una ventana al río como es esta. Se ha empeazado mucho a construir en esta zona que es la más buscada. Es un valor agregado muy interesante tener una vista al río y a la isla como la que yo tengo acá", reconoce.
Rosario se ha convertido en una ciudad muy pujante. Se ve a la gente contenta en la calle. Mucho consumo, compras en los negocios, en los shoppings, restaurantes y bares llenos.
-
¿Fue grande el cambio?
-Rosario, hace unos 20 años, empezó a cambiar a partir de la intendencia de Usandizaga (Horacio). Después siguió con Cavallero (Héctor) , con Binner (Hermes), con Lifschtiz (Roberto), pero antes de esto, Rosario era una ciudad muy chata, muy gris, siempre de trabajo pero sin mayores atractivos visuales. Ha recuperado una autoestima muy grande. El Congreso de la Lenguas le dio un espaldarazo muy grande, en el sentido de decir "podemos organizar algo y hacerlo bien". Después hay otro elemento que no se puede dejar de lado que es el fenómeno de la soja. Rosario es el puerto principal de salida de la soja, y eso acarrea un movimiento de dinero muy grande que se refleja en la ciudad y fundamentalmente en la construcción que es una actividad que genera una enorme cantidad de trabajo. Aparte hay una visión sobre la ciudad como un distrito que ha implementado algunas mejoras en todo sentido, tomando ejemplos de ciudades como Curitiba y Barcelona. Rosario, de la mano del intendente Lifschtiz, un tipo amigo aunque con un apellido muy complicado, ha pronunciado un perfil de ciudad creativa. Es como que ha encontrado, como dirían los publicistas, esa idea fuerza de ciudad de creativos, de ciudad cercana a la cultura.

-Hacías referencia al Congreso de la Lengua, y precisamente a partir de tu intervención en el mismo, con toda la repercusión internacional que alcanzó, se multiplicaron los homenajes, las distinciones y los reconocimientos hacia tu carrera, hacia tu trabajo.¿Cómo vivís todo esto?
-Es lógicamente gratificante pero un tanto abrumador. Abrumador porque es como que aparece todo de golpe. Son obviamente demostraciones de afecto, las mismas que yo recibo de la gente por la calle, pero en este caso canalizadas a través de un premio. Tal vez obedece a la insistencia, porque desde el año 72 yo publico en Hortensia, desde el 73 en Clarín, y aparte también, y ojo, con esto no quiero desmerecer nada de lo que recibo, porque te repito, es muy importante para mi, influyen los problemas de salud que estoy atravesando, que generan otra atención de parte de la gente, y una necesidad de la gente hacia mi de manifestarme apoyo y cariño, y te aseguro que es muy terapeutico.

"El afecto no puede ser rechazado por nadie"


A punto de cumplir 62 años, el padre de Inodoro Pereyra no le esquiva al tema de la esclerosis que le ha afectado gran parte de su movilidad, pero no piensa darse por vencido. Es una variante "rara" de la enfermedad. "Puedo dibujar con esfuerzo pero no escribir", contará más adelante.

-La gente se preocupa y parece pelearla también para que te recuperes, en medio de tantos reconocimientos...
-Si, la gente me da mucha fuerza, mucho cariño. A mi por ahí me da cierta perplejidad esto, porque si se quiere, hay muchísimos amigos y colegas que hacen cosas muy similares. Y yo me pregunto por qué todos estos reconocimientos a mi sólo, pero bienvenidos de todas maneras. A mi me hace muy bien. El afecto no puede ser rechazado por nadie.

-Hablando de otros "próceres" de Rosario, es difícil creer que nunca te hayas encontrado con Alberto Olmedo...
-Nunca, nunca. Creo que cuando yo empecé a circular, Olmedo ya se había ido a Buenos Aires, y en alguna oportunidad me crucé con él en el restaurante Edelweiss de calle Libertad, pero francamente no me animé a acercarme porque se veía que venía de trabajar, cansado, con su grupo de amigos, y pensé: "tal vez se de algún día la posibilidad de encontrarme con más tiempo, con una presentación entre medio", pero lamentablemente no se dio asi. No intercambié nunca ni una palabra con él.

-¿Tendría que ver también con tu timidez? Porque da la impresión que escribiendo y dibujando le ganas a ese Fontanarrosa tímido que se pudo ver en los homenajes recientes.
-Escribir y dfibujar es una manera más sencilla de llegar a la gente para un tipo tímido. Pero te confieso que he logrado superar mucho eso en base, primero, al hecho de saber que había algo que lo podía hacer más o menos bien, que era este trabajo que me dio mucha confianza y seguridad, y a partir de eso el contacto con la gente, con la prensa, con las charlas, con los encuentros con el público. De cualquier manera, es cierto que en casos como el de Olmedo, donde uno sentía y siente un gran respeto, me costaba acercarme, decirle "bueno mirá, soy de Rosario, soy de Central, soy humorista", pero siempre pensé que en algún momento lo iba a encontrar más naturalmente a través de amigos. Pero, te repito, lamentablemente no se dio.

Gaby, su mujer, se acerca y con un vistazo nada más comprende que no hace falta nada. Acaba de llamar Franco, el Fontanarrosa músico, que vive en Buenos Aires, y al hombre que escritores de la talla de Arturo Pérez Reverte o Eduardo Galeano lo elogian constantemente, ahora se le ilumina la sonrisa cuando habla de su hijo.
"Franco toca el bajo y le va muy bien. Tiene 23 años y está tocando en el grupo de Mex Urtizberea y también en el de Andrea Alvarez. Y además tiene un par de grupos con uno de los cuales va a venir al festival de Jazz de Rosario. Se llama "La mujer barbuda". Hacen una música terrible. !Mamita, hay que estar ahí¡ Los músicos son unos bichos muy especiales. Me alegra mucho lo que hace, porque tiene vocación, dedicación y un entusiasmo increible", asevera con orgullo

"En la Argentina no había literatura sobre el fútbol"

En una de las paredes de este iluminado estudio, hay un cuadro con una camiseta de Rosario Central, otra distinción recibida en un homenaje concretado en "El Gigante de Arroyito". En Rosario no se habla de otra cosa que del clásico, el partido más esperado del año, el campeonato aparte que viven los hinchas de Newells y Central que se jugará pocas horas después de que finalice la entrevista. (Finalmente, ganó Central 4 a 1). Está todo servido como para hablar de fútbol.

-¿Cuántos Central-Newells llevas visto?.¿Cómo te hiciste "canalla"?
-No se cuantos clásicos vi, Muchos, seguro, pero todos estos últimos largos años, no iba a la cancha de Newells por una cuestión de incomodidad, etc, etc, pero además, porque perdíamos o porque no ganábamos. Estuvímos como 20 años o más sin ganar en la cancha de Newells.
Yo iba a Newells domingo por medio, cuando era adolescente. No había televisión y a todos los equipos de Buenos Aires los veía contra Newells o contra Central y nada más. Hincha de Central me hice naturalmente, como sucede acá en Rosario, tal vez porque la familia, los parientes, los amigos, son hinchas de Central o de Newells y eso influye. En mi caso, mi familia estaba toda más cercana a Central, y fundamentalmente, los compañeros más concretos en la escuela primaria, eran todos "canallas". Precisamente con un par de ellos empecé a ir a la cancha.

-Perdonáme, pero acá en Rosario están todos locos con este partido. No se habla de otra cosa en las calles...
-Eso se da siempre, independientemente de como esten los equipos, porque fijate vos que en esta ocasión llegan por la mitad de la tabla, sin demasiadas expectativas, pero aunque estuviesen últimos sería lo mismo. Siempre que se enfrentan, la pasión de la ciudad se enciende.

-¿Y te seguís amargando cuando pierden?
-Me amarga, me provoca suifrimiento, pero bueno, es el destina del hincha de fútbol, no solo del de Central. Está tan ligada la alegría con el sufrimiento que hay que estar preparado a recibir cualquiera de las dos.

-Gracias a tus cuentos sobre fútbol, muchos accedieron al libro, interesados por ese cuento que puede referir momentos que alguna vez todos sentimos. Les dejaste servido el libro a miles de personas que de otro modo, quizás no hubiesen accedido.
-Es una consecuencioa inesperada. Es cierto que no había en la Argentina una literatura sobre fútbol, proporcional a lo que significa el fútbol en la Argentina. Los autores que yo leía de adolescente eran los periodistas deportivos, como Pepe Peña, Ernesto Lazzati, Dante Panzeri, el Veco, Osvaldo Ardizzone en "El Gráfico". Esto no lo inicio yo. El que creo que ayuda mucho pero mucho a difundir esto, es Alejandro Apo, que empieza a leer cuentos de futbol en su programa y entonces despierta la curiosidad en oyentes que no estaban acostumbrados a leer, a consumir este tipo de lecturas. Yo lo vivo habitualmente en la Feria del Libro de Buenios Aires, porque mucha de la gente que se acerca me pregunta "en qué libro está el cuento tal y tal que leyó Alejandro Apo el sábado". Y creo que también por eso, después, se origina la movida de los fascículos para repartir en la cancha. Ahora hay mucha gente que escribe y muy bien, y hay todo un panorama literario referido al fútbol, más acorde a lo que significa este deporte en la Argentina,

-¿En la Feria del Libro te han pedido las cosas más extrañas no?
-Hay gente que por ahí no sabe bien cómo es el mecanismo, o no se percata de que si hay una cola muy larga, no podés perdir cosas muy raras. Hay gente que por ahí se acerca y te dice "este dibujo es para mi hija Laura que vive en Bélgica, el marido es mecánico, y le gustan los ravioles". Y se quedan esperando a ver si uno hace un chiste referido a todo eso. Yo desde hace mucho tiempo había mecanizado poner "para fulano de tal" o "para mengana de tal", la firma, el perrito y nada más. Pero estar en la Feria es muy divertido, y aparte es la oportunidad concreta de tener un contacto directo con el público.

-Sos un escritor popular, algo de lo que no renegás. Te lo remarco porque es cansador leer declaraciones de gente que vende diez libros y aduce que lo de ellos no es la masividad. Supongo que estarían muy contentos si vendiesen miles y miles de ejemplares...
-Entiendo que si, que uno quiere llegar a la mayor cantidad de gente posible, por supuesto, dentro del manejo de las armas de cada uno. También supongo que si uno no ha tenido una educación o un contacto popular, dificilmente pueda escribir algo popular. Imaginate si a mi, en lugar del fútbol, me hubiese gustado el criquet o el beisbol...¿Cuanta gente en la Argentina puede leer cuentos de beisbol?. Se dio que a mi me gustó y me gusta el futbol. Es muy difícil definir qué es lo realmente bueno y qué es lo que no es, porque eso está muy atado al gusto de cada uno. Mi hijo me decía "lo perfecto sería Gardel o Los Beatles", o sea, productos de notable calidad y que además son enormemente populares. ¡Mirá los ejenmplos que te estoy dando!. Son pocos los que pueden conseguir eso.

"Cuando se lo cuente a los muchachos..."

Meses atrás, en Cartagena de Indias, en un encuentro de escritores, se le entregó una distinción especial al rosarino, quien a la hora de los agradecimientos, en forma irónica comentó que seguramente, en su ciudad se armarían caravanas por las calles para cerebrarlo. Sus amigos del café -son míticas en Rosario las anécdotas sobre los encuentros en el café "El Cairo", la mesa de los galanes- en cuestión de horas armaron un recibimiento que, una vez más, hizo emocionar al ex tímido Fontanarrosa. La amistad es un valor supremo para él, y allí estaban todos esperándolo.

-Joan Manuel Serrat decía que todo lo que hacemos tiene como único objetivo conquistar a una mujer. Yo le agregaría, de acuerdo a tus conviciones, que además, todo lo que hacemos es para después poder contarselo a los amigos.
-Ojo que eso no lo inventé yo. Justamente en "El Rey de la milonga" hay un cuento que se llama "Cuando se lo cuente a los muchachos" y creo que si no existe esa segunda parte de las actividades, de las posibilidades de volver y decirle a la gente que uno quiere y con la que uno se divierte, qué es lo que me pasó, todo pierde un poquito de sabor. Es como viajar sólo, que no tenes ninguna posibilidad de comentarios.

-Los amigos te han dado material para muchos de tus cuentos. ¿A propósito, cómo nace un buen cuento? ¿Cuál es el secreto?
-Ojalá lo tuviera. En el caso mío, indudablemente trato de encontrar una historia que considere interesante y que a la vez, tenga ganas de contársela a alguien. Volvemos a los amigos. Es algo asi como preguntarse "¿cómo le contaría esta historia a mis amigos en la mesa de un bar?. Fundamentalmente busco que sea atractivo, que me movilice, me que me empuje, que me de muchas ganas de sentarme a escribirlo. ¿De dónde puede salir la idea? Desde muy diferentes angulos. Ahí tenes el caso de otro cuento, "Cuando se lo cuente a los muchachos". Siempre me acordaba de una cosa que me dijo mi gran amiga Cipe Lincovsky hace muchos años. Me contaba que ella también se había dado cuenta que esas actuaciones teateales que tenía en Europa o en países más extraños, como en Rusia, no habrían tenido el mismo valor si ella no hubiera podido volver a la Argentina a contárselo a su madre. De ahí quedó dando vuelta esa idea. Hay otro cuento que se llama "Retiro de Afganistán ya", que parte de algo que me contó mi amigo Daniel Samper, un periodista colombiano, de un dirigente de izquierda colombiano de cuarto, quinto nivel, que en un discurso dijo "exigimos el retiro de las tropas norteamericanas de Afganistan ya" (risas). Digamos, esas apuestas desmesuradas.. Y bueno, por ahí sale de eso, de cosas que uno va escuchando. Es muy difícil que de golpe encuentres una idea que está servida ahí adelante. Que alguien venga y me diga pasó esto, esto, y lo otro, y no haya que tocarlo más y sea ya lo suficiente para escribir un cuento.

-¿Cómo definirías a Roberto Fontanarrosa?
-En principio, diría que a mi me gusta contar historias, o sea que sería un narrador, que a veces cuenta una historia, sin el dibujo, como en los cuentos, otras con el dibujo y los textos, como la historieta o los chistes, y ocasionalmente con el dibujo sólo, como las ilustraciones del Martín Fierro. Pero lo que a mi me desvela, lo que yo quiero encontrar, es una buena historia para contar, lo que me definiría más como narrador que como dibujante.



Un texto "flojo" que nunca escribió y que ya dio vuelta el mundo

Sucedió con Jorge Luis Borges y hace algunos años, también lo sufrió en carne propia el colombiano Gabriel García Márquez. Por internet circulan textos a los que se les asignan autorías falsas. Fontanarrosa también lo ha experimentado con un trabajo que ya debe haber dado la vuelta al mundo varias veces gracias a las "cadenas" de internet. Se llama "La globalización" y entre otras cosas, expresa que "ya no decimos galletitas, sino "cookies", que queda mucho más fino, ni tenemos sentimientos, sino "feelings", que son mucho más profundos. Y de la misma manera, sacamos "tickets", compramos "compacts", usamos kleenex", comemos "sandwichs", vamos al "pub", hacemos "footing", etc.

-¿Es cierto que nunca escribiste eso de las palabras españolas, de uso cotidiano, que se fueron convirtiendo en inglesas?
-Te aseguro que jamás escribí ese texto. Lo paradójico es que me hablan elogiandolo... Me dicen "qué bueno eso que escribiste", y hasta una vez me llamaron de la producción del programa de Susana Giménez. Yo les tengo que decir que no, que no lo escribí. Además, lo leí en una oportunidad y me pareció flojo. Me pareció flojo (risas), Medio como que me avergonzaba que me lo atribuyeran. Eso manifiesta también el fenómeno de internet, que es algo inmanejable.

-A propósito de internet, escribí "Roberto Fontanarrosa" en el buscador Google, y aparecieron 130 mil menciones...
-¡Qué bárbaro!.La verdad es que recién ahora estoy descubriendo Google, para documentarme de algunas cositas. Se que tengo una página web y te soy sincero, no he entrado nunca. Esto parece que uno lo menospreciara pero no es asi. La verdad es que me aburre leer cosas con respecto a mi. A veces me dicen "te vamos a mandar el video de esta entrevista", y yo les digo que si pero la verdad, no los veo nunca. ¡Si yo ya se lo que dije y ya se como termina!.


"Escuchar al Gordo Soriano era un deleite"

-El 29 de enero se cumplirán diez años del fallecimiento del marplatense Osvaldo Soriano, un escritor con quien se respetaban y querían mutuamente.
-¿Diez años ya? Hace un tiempito atrás estabamos con Eduardo Galeano en Montevideo y decíamos "Qué boludo el Gordo. ¿Cómo se viene a morir asi?". Casi como un reproche. ¿Cómo nos priva de su presencia y no sólo la literaria que es muy importante, sino su presencia como tipo, como persona?. El Gordo era fantástico para sentarse a tomar un café, para comer, para charlar. Obviamente, cómo lo manifestaba en sus trabajos, era un narrador formidable. Cualquier cosa que contara, sus anécdotas periodísticas, etc, eran un deleite. Y por otro lado, estaba la complicidad, el compartir gustos similares como el fútbol, el cine, la literatura. Parece mentira que hayan pasado diez años de la muerte del Gordo. Precisamente la última vez que estuve con él fue en un muy lindo reportaje que hicimos en un bar de Rosario, creo que se llamaba "El Tercer Ojo", y hablamos de fútbol simplemente. Al poco tiempo muere el Gordo, y con buen criterio no se puso en el aire ese programa porque parecía un oportunismo, pero al año siguiente lo pasaron y la verdad es que es un recuerdo muy lindo para mi. De todos modos, continuamos con el reproche de por qué se fue.

-Las reuniones con Soriano se sabían cuando empezaban pero nunca cuando terminaban....
-Claro, claro... Para colmo, el Gordo tenía las horas cambiadas. El trabajaba de noche. Las sobremesas de transnoche podían durar muchísimo.

-Como a vos, a Soriano tampoco le gustaba mucho la playa...
-No, la verdad que no. Me gusta ver acá el río. Pero pará, me gusta Mar del Plata. Incluso, creo que alguna vez lo comentaba con vos, "El rey de la milonga" (su último libro) tiene mucho de Mar del Plata ya que escribí los seis o siete primeros cuentos en esa ciudad. Estuve con Gaby mi mujer, en un departamento frente a la Base de Submarinos, porque no encontraba acá tiempo para escribir. Mar del Plata, por ahí, no es una ciudad que me atraiga para ir en pleno verano, con tanta gente. Fuí en noviembre y estaba fantástica. Es una ciudad que no es solamente veraniega. Ya es una de las más importantes y más lindas de la Argentina.



"¿Conoces a muchos chicos que digan huija?"


Fontanarrosa odia madrugar. Es más, en varias oportunidades ha preguntado en voz alta: "¿por qué los chicos se tienen que levantar tan temprano para ir a la escuela?" . Y lo refuerza con un ejemplo. "Gardel se levantaba a las ocho de la noche. Y fue Gardel".
Con la misma "pasión" critica a quienes disparan contra la tecnología -computadoras, celulares, televisión-aduciendo que se contraponen al buen uso del idioma.

-En este tema no tenés dudas...
-Es como todas las cosas. Lo más difícil es conseguir el equilibrio. En mi caso, a la computadora empecé a usarla como máquina de escribir. No tengo un manejo técnico. Pero a mi, ahora, me salva largamente. Por estos problemas de salud que tengo, extrañamente puedo dibujar con esfuerzo pero no puedo escribir. Un gran amigo de Buenos Aires, cuando yo no tenía aún este problema de salud, tuvo la idea de digitalizar todo el tipo de letra mía. Hizo un alfabeto y entonces yo lo aplico con la máquina a todos los textos, tanto a Inodoro Pereyra como a los chistes sueltos. De no existir esto, le tendría que dar mis dibujos a otro tipo que lo escribiera con otra letra. A mi me parece formidable lo de internet, y lo del celular. En un año se va a terminar el teléfono fijo. Claro, que si estás 24 horas frente a la pantalla de televisor o de internet, o con el celular mandando mensajes, anotándote en concursos, etc, suena como exagerado. Algunas de estas herramientas, como los celulares, ya son imprescindibles.

-¿Crees que no influyen en el lenguaje de los chicos?
-En una época se mandaban telegramas que decían "llego mañana. Stop. Preparar ropa. Stop" y a nadie se le ocurrió que eso iba a arruinar el lenguaje. ¿Me entendes?. Decían que "El Chavo del 8" le iba a arruinar el lenguaje a los chicos. ¿Y qué? ¿Patoruzú se los arruinó? ¿Vos escuchás a muchos chicos que digan "Huija"? No. ¿Entonces?. Las comunicaciones traen más ventajas que desventajas. Está claro que generan cambios e indudablemente se van incorporando palabras, nuevos hábitos. En principio, se ponen frente a nosotros herramientas formidables. Uno puede agarrar un martillo para hacer un armario o para romper un jarrón. Eso es cuestión personal



"Muchos creen que tengo un gran poder de síntesis, pero en verdad, es vagancia"

-¿Estás trabajando en una película de dibujos sobre el Martín Fierro?
-La parte del trabajo mío ya pasó, porque todo arranca de una iniciativa de un grupo que se interesa en llevar al cine animado las ilustraciones que yo hice para un libro de Editorial De la Flor, en una nueva edición del Martín Fierro. Yo hice nada más que 35 ilustraciones, y la película requiere 60 mil dibujos. Para eso hay un grupo de 60 o 70 pibes ahí en San Telmo, en Buenos Aires, dibujando como locos, con un entusiasmo, una seriedad y unas ganas formidable. Se está haciendo todo con mucha dedicación, lo que de todos modos no te asegura el éxito, pero al menos la tranquilidad de saber que se ha hecho lo mejor posible.

-¿Es cierto que tenés guardados todos tus originales?
-No creo que todos pero la gran mayoría si, lo que constituye un archivo muy muy grande. Pensá que estamos hablando de muchos dibujos. Yo empecé a publicar en el diario en el año 73 y son 365 dibujos al año, asi que ya con eso ya hay una parva importante.

-¿Cómo se logra el poder de síntesis en la historieta?
-Uno muchas veces tiende a simplificar por vagancia. También es cierto que la simplicidad, como dijo alguien, es un punto de llegada, no de partida. En la historieta soy demasiado vago como para dibujar fondos, casas, autos, entonces lo voy limitando. Lo que muchos creen que es un gran poder de síntesis, en definitiva, es vagancia.