Lo que dejó la Cumbre de las Américas
La IV Cumbre de las Américas ya es historia. Y a horas nada más de la reunión más importante de la historia de la ciudad de Mar del Plata, por lo menos en el campo político, se puede señalar sin lugar a dudas que el saldo es más que satisfactorio.
Cuando muchos no lo creían, cuando muchos apostaban al fracaso, cuando los intereses para arrancarle a Mar del Plata esta Cumbre se multiplicaban hace algunos meses, eran pocos los que podían pronosticar un final tan exitoso como el que se celebra hoy.
Durante más de 48 horas, Mar del Plata fue el epicentro de las miradas internacionales. Casi 2000 periodistas de la Argentina y del exterior, fueron testigos y propagadores de las actividades que las máximas autoridades de más de una treintena de países del continente americano desplegaron junto al mar. Visitas que se convertirán en una página destacada de la historia puesto que no todos los días pueden confluir en una misma ciudad figuras internacionales de la talla de George Bush, Luis Inacio Lula da Silva, Hugo Chávez, Vicente Fox, con todo el gabinete nacional, más gobernadores, ex presidentes y funcionarios, actuando como anfitriones.
Prácticamente todo salió a la perfección en lo que hace específicamente a la Cumbre. "Diez puntos sobre diez", le dijo un eufórico Néstor Kirchner al intendente municipal Daniel Katz en el lobby del Hermitage, concluidas las deliberaciones, mientras un ministro le confiaba al gobernador Felipe Solá que "Mar del Plata demostró que está para jugar en primera. Honestamente -admitía- tenía mis dudas, pero aquí todo ha sido excelente, y las delegaciones extranjeras se fueron desparramando elogios".
Para Mar del Plata, más allá del orgullo que significa el constatar que se encuentra totalmente habilitada para ser organizadora de acontecimientos internacionales -como sucedió con los Juegos Panamericanos, los festivales de cine o numerosos congresos-, también quedan obras muy importantes que sólo se concretaron merced a esta Cumbre. Los fondos que destinó la Nación, y en parte la provincia para, por ejemplo, extender la autovía 2 hasta la avenida Luro, embellecer plazas y paseos, construir otros -como los de la zona de Punta Iglesia-, la nueva iluminación en diferentes sectores, las tareas de pavimentación, no hubiesen llegado de no haber sido Mar del Plata sede de esta Cumbre.
Ayer era conmovedor observar la cantidad de marplatenses que, con orgullo, salieron a recorrer las nuevas obras. El puente ubicado en la costa, a cien metros nada más de la avenida Luro, se convertía en la "estrella" del domingo. Las caravanas de automóviles (ver página 40) marcaban que la visita obligada era a los remozados sectores.
Queda mucho por hacer, es cierto. La cuenta pendiente de la ferroautomotora, más pavimentación, luz, y obras de infraestructura en numerosos barrios, y una mayor presencia policial, son temas que aún deben resolverse. Pero después de esta Cumbre de las Américas, a la hora de sentarse a discutir y reclamar la llegada de fondos frescos, Mar del Plata tendrá mucha más fuerza. Este antecedente va a pesar.
Vecinos, vallas y reclamo pacífico
Los vecinos de un amplio sector de la ciudad debieron soportar molestias y demoras por los vallados y las estrictas medidas de seguridad. Pero en la misma tarde del sábado, cuando algunos aviones presidenciales sobrevolaban la ciudad, las rejas eran desoldadas y levantadas. Mar del Plata recuperó su habitual fisonomía.
Pasada esa "bronca" por las molestias, acallada la "locura y euforia" de la Cumbre, muchos de esos mismos vecinos reconocían ayer que tanto el personal de la policía de la provincia, como de la Federal o de la Gendarmería, actuaron siempre con buena voluntad y educación para resolver cada contingencia.
Paralelamente a la Cumbre de las Américas, y antes de la llegada de los presidentes, Mar del Plata fue escenario de la III Cumbre de los Pueblos. El Estadio Ciudad de Mar del Plata, el Polideportivo y distintas facultades dependientes de la Universidad Nacional de Mar del Plata fueron las sedes que albergaron a miles de personas, de este país y del exterior, que debatieron sobre importantes y variadas cuestiones. No hubo un solo incidente, un sólo hecho para repudiar o lamentar. El comportamiento fue excelente, y debe consignarse que reinaba en la mayoría de los escenarios una sentimiento "anti Bush" que se convirtió en una expresión pacífica.
Las dos fotos esperadas
Hace más de un mes, el periodista canadiense que llegó a Mar del Plata para conocer las instalaciones y el terreno donde se desempeñaría su equipo de diez periodistas y reporteros gráficos, mantenía un diálogo informal con un hombre de LA CAPITAL. El extranjero, con tres Cumbres anteriores en su currículum de trabajo, era crudo y contundente: "de todos estos encuentros, en el mundo importan dos fotos: la de todos los presidentes juntos y la de los hechos de violencia".
Los presidentes se sacaron su foto en la terraza del Hermitage Hotel, con el mar de fondo. Y la foto de la violencia también estuvo gracias a los vándalos, delincuentes, asi simplemente, que sembraron el terror en diez cuadras sobre la avenida Colón en la tarde del viernes, supuestamente en repudio a la presencia de George Bush, pero destruyendo locales de una rotisería, una panadería, un videoclub, un restaurante, una mueblería o un locutorio cuyos dueños marplatenses lo único que tenían en común con Bush era que se encontraban bajo el mismo cielo. Pero estuvo la foto entonces, se dio lo que se esperaba.
Hubo críticas a las fuerzas policiales, porque dejaron actuar o tardaron en reprimir, y hasta el intendente, quien fue a dar la cara cuando pocos salieron del "corralito" de seguridad, recibió algún insulto. Llegaron las promesas de que el Estado se haría cargo de todos los gastos por los daños, y ya hoy, se estima, casi todo será reparado.
"El Gobierno va a pagar todo", repitió el presidente, mientras una versión corría entre los hombres de la Nación y de la Provincia. No pudo ser confirmada oficialmente, pero se especuló con la posibilidad de que se haya tratado de un "ataque controlado". ¿En qué consiste?. Los centenares de piqueteros y activistas que llegaron a Mar del Plata, no se iban a querer ir de la ciudad sin su "pequeña victoria", en definitiva, sin la foto, y en consecuencia, se habría dejado actuar siguiendo todo desde muy cerca. Si el viernes al mediodía las máximas autoridades de seguridad sabían que "lo único que hay hasta ahora son 80 activistas de Quebracho que están repartiendo gomeras en las inmediaciones del Mundialista", como confesó en estricto off the record un funcionario provincial a un periodista marplatense, cuesta entender que el ataque de la avenida Colón -en Colón y Corrientes, tras las vallas, esperaban centenares de uniformados que sabían que ese sería la esquina a defender para impedir el paso-haya sorprendido a los responsables de la seguridad.
Aníbal Fernández, ministro del Interior de la Nación, le decía a LA CAPITAL que "si uno se fija en lo que ha sucedido en Doha, en Davos, en Seattle, en Canadá, se dará cuenta de que lo sucedido en Mar del Plata es el 1, 2 o 3 por ciento. Entonces el trabajo que se hizo en el tema se guridad es óptimo". En otro lugar de la ciudad, el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Felipe Solá reflexionaba: "queríamos que Mar del plata no tuviera una víctima o un mártir, que la Cumbre no fuera recordada por ello para siempre, y pido disculpas a quienes hayan sufrido la violencia".
Afortunadamente, en Mar del Plata no hubo un sólo herido. Si, está muy claro que lo ideal hubiese sido que ningún marplatense, ningún comerciante haya tenido que sufrir lo que sufrió, aunque ahora les paguen los daños. Hay cosas que no se recuperan ni momentos que no se olvidan pero también es cierto que a la hora del balance -y este debe hacerse con perspectiva-, hace una semana en la ciudad de lo único que se hablaba a media voz era de las miles de bolsas que habían llegado para guardar cadáves, de las "cámaras frigoríficas" reservadas para las víctimas fatales de supuestos atentados, o de los ataúdes que se habían depositado en determinadas escuelas ante la peor contingencia. Tanto se divulgaron esos disparates que fueron centenares los marplatenses que decidieron dejar la ciudad en estas horas. Muchos lo hicieron por placer, para aprovechar un "fin de semana largo", merced a la inactividad total del jueves y el viernes, pero muchos más lo hicieron por temor. Desde esta perspectiva entonces, desde los temores, reales o infundados que flotaban sobre el aire marplatense ante la llegada del hombre más poderoso pero a la vez mas odiado del planeta, el saldo también aquí es excelente.
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La IV Cumbre de las Américas ya es historia. Y a horas nada más de la reunión más importante de la historia de la ciudad de Mar del Plata, por lo menos en el campo político, se puede señalar sin lugar a dudas que el saldo es más que satisfactorio.
Cuando muchos no lo creían, cuando muchos apostaban al fracaso, cuando los intereses para arrancarle a Mar del Plata esta Cumbre se multiplicaban hace algunos meses, eran pocos los que podían pronosticar un final tan exitoso como el que se celebra hoy.
Durante más de 48 horas, Mar del Plata fue el epicentro de las miradas internacionales. Casi 2000 periodistas de la Argentina y del exterior, fueron testigos y propagadores de las actividades que las máximas autoridades de más de una treintena de países del continente americano desplegaron junto al mar. Visitas que se convertirán en una página destacada de la historia puesto que no todos los días pueden confluir en una misma ciudad figuras internacionales de la talla de George Bush, Luis Inacio Lula da Silva, Hugo Chávez, Vicente Fox, con todo el gabinete nacional, más gobernadores, ex presidentes y funcionarios, actuando como anfitriones.
Prácticamente todo salió a la perfección en lo que hace específicamente a la Cumbre. "Diez puntos sobre diez", le dijo un eufórico Néstor Kirchner al intendente municipal Daniel Katz en el lobby del Hermitage, concluidas las deliberaciones, mientras un ministro le confiaba al gobernador Felipe Solá que "Mar del Plata demostró que está para jugar en primera. Honestamente -admitía- tenía mis dudas, pero aquí todo ha sido excelente, y las delegaciones extranjeras se fueron desparramando elogios".
Para Mar del Plata, más allá del orgullo que significa el constatar que se encuentra totalmente habilitada para ser organizadora de acontecimientos internacionales -como sucedió con los Juegos Panamericanos, los festivales de cine o numerosos congresos-, también quedan obras muy importantes que sólo se concretaron merced a esta Cumbre. Los fondos que destinó la Nación, y en parte la provincia para, por ejemplo, extender la autovía 2 hasta la avenida Luro, embellecer plazas y paseos, construir otros -como los de la zona de Punta Iglesia-, la nueva iluminación en diferentes sectores, las tareas de pavimentación, no hubiesen llegado de no haber sido Mar del Plata sede de esta Cumbre.
Ayer era conmovedor observar la cantidad de marplatenses que, con orgullo, salieron a recorrer las nuevas obras. El puente ubicado en la costa, a cien metros nada más de la avenida Luro, se convertía en la "estrella" del domingo. Las caravanas de automóviles (ver página 40) marcaban que la visita obligada era a los remozados sectores.
Queda mucho por hacer, es cierto. La cuenta pendiente de la ferroautomotora, más pavimentación, luz, y obras de infraestructura en numerosos barrios, y una mayor presencia policial, son temas que aún deben resolverse. Pero después de esta Cumbre de las Américas, a la hora de sentarse a discutir y reclamar la llegada de fondos frescos, Mar del Plata tendrá mucha más fuerza. Este antecedente va a pesar.
Vecinos, vallas y reclamo pacífico
Los vecinos de un amplio sector de la ciudad debieron soportar molestias y demoras por los vallados y las estrictas medidas de seguridad. Pero en la misma tarde del sábado, cuando algunos aviones presidenciales sobrevolaban la ciudad, las rejas eran desoldadas y levantadas. Mar del Plata recuperó su habitual fisonomía.
Pasada esa "bronca" por las molestias, acallada la "locura y euforia" de la Cumbre, muchos de esos mismos vecinos reconocían ayer que tanto el personal de la policía de la provincia, como de la Federal o de la Gendarmería, actuaron siempre con buena voluntad y educación para resolver cada contingencia.
Paralelamente a la Cumbre de las Américas, y antes de la llegada de los presidentes, Mar del Plata fue escenario de la III Cumbre de los Pueblos. El Estadio Ciudad de Mar del Plata, el Polideportivo y distintas facultades dependientes de la Universidad Nacional de Mar del Plata fueron las sedes que albergaron a miles de personas, de este país y del exterior, que debatieron sobre importantes y variadas cuestiones. No hubo un solo incidente, un sólo hecho para repudiar o lamentar. El comportamiento fue excelente, y debe consignarse que reinaba en la mayoría de los escenarios una sentimiento "anti Bush" que se convirtió en una expresión pacífica.
Las dos fotos esperadas
Hace más de un mes, el periodista canadiense que llegó a Mar del Plata para conocer las instalaciones y el terreno donde se desempeñaría su equipo de diez periodistas y reporteros gráficos, mantenía un diálogo informal con un hombre de LA CAPITAL. El extranjero, con tres Cumbres anteriores en su currículum de trabajo, era crudo y contundente: "de todos estos encuentros, en el mundo importan dos fotos: la de todos los presidentes juntos y la de los hechos de violencia".
Los presidentes se sacaron su foto en la terraza del Hermitage Hotel, con el mar de fondo. Y la foto de la violencia también estuvo gracias a los vándalos, delincuentes, asi simplemente, que sembraron el terror en diez cuadras sobre la avenida Colón en la tarde del viernes, supuestamente en repudio a la presencia de George Bush, pero destruyendo locales de una rotisería, una panadería, un videoclub, un restaurante, una mueblería o un locutorio cuyos dueños marplatenses lo único que tenían en común con Bush era que se encontraban bajo el mismo cielo. Pero estuvo la foto entonces, se dio lo que se esperaba.
Hubo críticas a las fuerzas policiales, porque dejaron actuar o tardaron en reprimir, y hasta el intendente, quien fue a dar la cara cuando pocos salieron del "corralito" de seguridad, recibió algún insulto. Llegaron las promesas de que el Estado se haría cargo de todos los gastos por los daños, y ya hoy, se estima, casi todo será reparado.
"El Gobierno va a pagar todo", repitió el presidente, mientras una versión corría entre los hombres de la Nación y de la Provincia. No pudo ser confirmada oficialmente, pero se especuló con la posibilidad de que se haya tratado de un "ataque controlado". ¿En qué consiste?. Los centenares de piqueteros y activistas que llegaron a Mar del Plata, no se iban a querer ir de la ciudad sin su "pequeña victoria", en definitiva, sin la foto, y en consecuencia, se habría dejado actuar siguiendo todo desde muy cerca. Si el viernes al mediodía las máximas autoridades de seguridad sabían que "lo único que hay hasta ahora son 80 activistas de Quebracho que están repartiendo gomeras en las inmediaciones del Mundialista", como confesó en estricto off the record un funcionario provincial a un periodista marplatense, cuesta entender que el ataque de la avenida Colón -en Colón y Corrientes, tras las vallas, esperaban centenares de uniformados que sabían que ese sería la esquina a defender para impedir el paso-haya sorprendido a los responsables de la seguridad.
Aníbal Fernández, ministro del Interior de la Nación, le decía a LA CAPITAL que "si uno se fija en lo que ha sucedido en Doha, en Davos, en Seattle, en Canadá, se dará cuenta de que lo sucedido en Mar del Plata es el 1, 2 o 3 por ciento. Entonces el trabajo que se hizo en el tema se guridad es óptimo". En otro lugar de la ciudad, el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Felipe Solá reflexionaba: "queríamos que Mar del plata no tuviera una víctima o un mártir, que la Cumbre no fuera recordada por ello para siempre, y pido disculpas a quienes hayan sufrido la violencia".
Afortunadamente, en Mar del Plata no hubo un sólo herido. Si, está muy claro que lo ideal hubiese sido que ningún marplatense, ningún comerciante haya tenido que sufrir lo que sufrió, aunque ahora les paguen los daños. Hay cosas que no se recuperan ni momentos que no se olvidan pero también es cierto que a la hora del balance -y este debe hacerse con perspectiva-, hace una semana en la ciudad de lo único que se hablaba a media voz era de las miles de bolsas que habían llegado para guardar cadáves, de las "cámaras frigoríficas" reservadas para las víctimas fatales de supuestos atentados, o de los ataúdes que se habían depositado en determinadas escuelas ante la peor contingencia. Tanto se divulgaron esos disparates que fueron centenares los marplatenses que decidieron dejar la ciudad en estas horas. Muchos lo hicieron por placer, para aprovechar un "fin de semana largo", merced a la inactividad total del jueves y el viernes, pero muchos más lo hicieron por temor. Desde esta perspectiva entonces, desde los temores, reales o infundados que flotaban sobre el aire marplatense ante la llegada del hombre más poderoso pero a la vez mas odiado del planeta, el saldo también aquí es excelente.
